martes, 30 de agosto de 2011

Rebotar la vista, una técnica que necesita evaluación

He estado cuestionando algunas de las técnicas recomendadas en la restauración sexual, sé que todas son bienintencionadas, pero dudo de su fundamento. Específicamente me refiero a toda técnica que cambia conductas externas sin modificar mi interior.

En este contexto, la reciente conversación con un amigo me ha hecho poner en entredicho una de las joyas de la recuperación: el rebote de los ojos.

Para los no-conocedores, esta técnica consiste en ver inmediatamente en dirección opuesta, cuando aparece en el campo visual un estímulo sexual: si una persona te provoca sexualmente, o ves una pieza de publicidad que te tiente, entonces desvías rápidamente los ojos, para no ver más.

Honestamente, confieso que nunca le hallé el sentido práctico a la técnica de rebotar los ojos, no me funcionaba, podía cerrar los ojos incluso, pero mi mente seguía procesando imágenes sexuales y de todas maneras me resultaba excitando, sin el estímulo visual. Con el tiempo entendí que estas técnicas conductuales hacen cambios en mi comportamiento exterior, pero no transforman mi corazón, y fue hasta hace muy poco que aprendí que el cambio en mis creencias acerca de la santidad si hacían una transformación verdadera.
No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto. Romanos 12:2 DHH
Pido en oración que, de sus gloriosos e inagotables recursos, los fortalezca con poder en el ser interior por medio de su Espíritu. 17 Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes. Efesios 3:16-17 NTV
En la conversación a la que me refiero, hablábamos sobre como uno se llena de ansiedad y miedo por esa incapacidad de guardar la vista, y por la desesperación de no poder deshacerse uno de las ganas de ver y del calor interior por hacerlo. A mí, los intentos repetidos de vivir rebotando los ojos me dejaban exhausto.

Creo que el rebote es una técnica que bien puede aplicarse en una terapia o consjería secular, sin intervención de principios cristianos, y que está bien como etapa para quien está iniciando y aprendiendo a romper con el hábito de codiciar con los ojos indiscriminadamente -pero no es necesaria ninguna transformación en el interior como reflejo de la obra del Espíritu Santo, para ejecutarla. Por otra parte, ahora sé que sólo el cambio profundo de creencias trae resultados duraderos, y esto se logra con un esfuerzo concienzudo de contrastar las mentiras que uno cree con la Palabra de Dios, arrepentirse y corregir el rumbo.

Como dice mi compañero de responsabilidad, este será siempre un mundo con estímulos visuales, uno de mujeres bonitas en la calle, en la iglesia, en el trabajo, habrá siempre publicidad provocativa, aún sin buscarla. No creo que estemos llamados a vivir para siempre en el ciclo de apartar la mirada, debe haber algo más que me haga avanzar hacia un estado en el que me encuentre en paz, disfrutando mi sexualidad, y en un mejor control de mis impulsos.

Poco a poco he encontrado enseñanzas que me han convencido de que es el cambio de mis creencias las que hacen la transformación en mi santidad. Si logro ser sano por dentro, si mis deseos se apegan a lo que Dios desea de mí, entonces mis ojos podrán obedecer.

Entre las principales creencias acerca de los atributos de Dios, de mí mismo y de otros, que he cambiado, puedo mencionar:

Primero, el hecho de que Dios es omnipresente, no para castigarme por mis ganas de ver, sino como padre amoroso a quien le pido ayuda. Para ser específico, especialmente en la ducha, cuando estoy en un centro comercial y solo en mi casa, puedo pensar "ahora sé que estás aquí también, papá necesito ayuda para no ceder a la tentación de masturbarme o de codiciar a una mujer, ahora que estoy solo." Y en efecto, he sentido su amor conmigo, la sensación de un padre comprensivo que me dice 'te entiendo, podés salir de esto'.

Otra, que tomo la decisión de presentar mi cuerpo a diario a Dios como instrumento de justica, y recordar que no me pertenezco. Poco a poco se ha asentado en mi mente la creencia de que estos ojos y mis genitales le pertenecen a Dios, y cuando soy tentado a usar mi mirada, ya me siento más capaz de dejar de hacerlo, no por una técnica, sino por la convicción de que ese día ya fui dedicado de nuevo a Dios.

Otra más, es que las mujeres no me pertenecen y reconocer que mi orgullo me hacía sentirme un poco dueño de lo que podía ver, intocable en mi posición de codiciar. Creo que el amor que puedo mostrar por el prójimo incluye no involucrar a ninguna mujer en mi pecado sexual, ni en forma física ni mental. Me recuerdo a mí mismo de que mi naturaleza hacia ellas es de siervo, y coheredero de la gracia que ellas también tienen.

Repetir esta y otras creencias me han permitido avanzar en la búsqueda de la santidad. Aunque las ganas por ver algo estimulante permanecen (es parte de mi naturaleza masculina), cada vez he encontrado que mi hombre interior se ha fortalecido, como dice el texto antes citado. Puedo resistir de una mejor manera, con calma basado en mis convicciones bíblicas, reencauzando mi mente con mejores ideas y no sólo apretando los dientes mientras volteo la cara.

Las creencias nuevas se complementan con un plan intencional de acciones. Uno ya sabe en dónde va a encontrar tentación sexual, es un mínimo porcentaje de ocasiones en las que uno es verdaderamente sorprendido por la vista. Así que antes de embarcarse uno en una serie de rebote de ojos mientras cruza un parque por ejemplo, es preferible tomar unos minutos para pensar como va uno a reflejar caballerosidad, respeto y santidad con lo que ve. Podemos hablar acerca de los planes en otra ocasión.

Tus comentarios son bienvenidos.

2 comentarios:

EHAN dijo...

Muchas gracias hermano!
Profundo y me toca. Una enseñanza más que requería.
Saludos desde Chile,
Eric

Eduardo Mejía dijo...

Muy deacuerdo, en mi experiencia y mi caminar considero que al principio puede ser una buena herramienta, pero solo al principio de una recuperacion, porque el proceso de renovacion interna no ocurre en un mes, por eso debemos usar herramientas para cuidarnos y poco a poco irlas moderando a medida que un "herido en batalla" comienza a caminar. El fin de todo es conocer a Dios y mi caminar con El Espiritu Santo me de el poder para decir no por valor, conviccion, por caracter.
digo esto porque me era imposible vivir al principio en pureza y ponerme a ver a la gente, los extremos son malos y el extremo de no ver y el de ver lo que querramos (y hay cosas q no convienen aunque no sean malas) siempre dañan nuestra vida y el conocer a Dios. Nuestra relacion con El.