martes, 20 de septiembre de 2011

Como se elimina el amaneramiento en un hombre

Estoy consciente de que mi conducta era amanerada. Poquísimas veces logré notar esta conducta involuntaria, pero otros lo mencionaban -y por supuesto fui objeto de burlas crueles al respecto. Esto es una gran fuente de confusión y ansiedad, por que mientras más me esforzaba por parecer hombre, menos lo lograba.


Pienso también que al inicio de mis veintes, empecé a usar el amaneramiento en una forma insidiosa para fastidiar a otros, especialmente con humor negro o para burlarme. Un reciente post de Randy Thomas explica que esos gestos grandilocuentes ocultaban su inmadurez y la necesidad de sentirse superior - creo que yo podría decir lo mismo de mis gestos.

Desde hace varios años, estos rasgos han ido desapareciendo de mi vida, pero tampoco fue del todo intencional el cambio. Eso me hace pensar que la transformación es una obra conjunta entre Dios y uno. He escuchado de programas de restauración que hacen énfasis en ayudar a los hombres a cambiar sus conductas por otras más masculinas, y así se han ganado la mofa y el ataque del lobby pro-gay, que las ven como "clases de actuación."

Eso me hace afirmar una vez más que las conductas externas no hacen identidad ni estructuras de carácter, sino que al contrario, lo que está depositado en el interior del hombre se manifiesta en sus conductas externas. Ai un hombre tiene la intención de cambiar sus gestos amanerados, creo que la mejor manera es desarrollar entonces su carácter y sus valores

Entre estos valores, cuento la humildad que permite mostrarse ante los demás como uno es. El quebrantamiento mata todos esos gestos señoriales, los ojos que ruedan hacia atrás, el levantamiento de cejas y el mirar sobre el hombro o intentar hacer entradas grandiosas; tener un concepto de que tratamos a los demás como mejores que nosotros, y que somos esclavos ahora del Espíritu y de la justicia, impide intentarlo siquiera.

Otro valor que considero imprescindible es la paz interior. El miedo muchas veces hace que un hombre se comporte como una víctima o damisela en desgracia, cuando tiene todo lo necesario en Cristo para ser invencible ante las circunstancias y tomar dominio del entorno y de su propio miedo. Renunciar a la necesidad de ser rescatados por otras personas, y extender la consciencia de ser uno salvo y seguro en Él, es un rasgo de hombría que se manifiesta en la forma en la que nos relacionamos y conducimos: sin temor.

Ayuda también desarrollar un sano concepto de lo que significa ser atractivo como hombre, que está basado en el respeto, el liderazgo y la solidez que uno manifiesta, y no en la seducción que manifiesta el hombre que está confundido sobre su identidad.

Y por último, dejar la rebeldía y la agresión pasiva que incomoda a los presentes al intentar hacer un statement de "estoy aquí, mírenme", y mostrar la obediencia como Cristo lo hizo, construye un carácter masculino a Su manera. Cuando uno deja de buscar su identidad en cosas pasajeras como la atención de otros hombres, y sacia en Cristo esta sed, entonces no es necesario llamar la atención agresivamente con manerismos.

No creo haberlo logrado ya todo, y sé que la transformación es un proceso continuo. Pero reconozco que muchos de los valores que listé fueron obra de Dios en mí, cuando ya no pude luchar contra el quebrantamiento y acepté que había tocado fondo. Creo que el amaneramiento manifiesta una necesidad gigantesca de saberse uno salvo, seguro, respetado e importante. Creo también que todos estos valores no se forman sólo con "estudiarlos" o con esforzarse duramente para alcanzarlos, sino con rendirse a Dios: una verdadera rendición en esta batalla, de manera diaria y sincera para abandonar todas las falsedades, las muletas que compensan fallos de carácter y heridas.

Sólo Él puede llenar legítimamente estas necesidades en un hombre.

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