martes, 20 de noviembre de 2007

¿Porqué me molesta ser tan amable?

Recién he descubierto que me molesta ser muy amable; demasiado amable. Incongruente conmigo mismo. Disculpándome por todo, avergonzado de tener una opinión. Y es tan antinatural en mí, que empecé a sospechar que Dios me estaba llamando a recuperar algo.

Estando confundido y no buscando una solución en ese día específico, encontré en el concepto de Salvaje de Corazón, y en la serie actual que se está enseñando en mi iglesia, una respuesta: Recuerdo a quienes en una empresa donde trabajé hace años, se encargaron de hacerme ver lo inapropiado que era mi carácter fuerte.

No gustaban de que yo me opusiera a los contratos sin licitaciones, a las compras sin destino especificado, o a la inflación del presupuesto para beneficios personales. Entonces me indicaron que me oponía a una misión superior a lo que yo pudiera entender, designada por Dios mismo. En lugar de asignar responsabilidad a la corrupción, fue mi culpa el ser alguien "sin auto-control", "rebelde", "sin comunicación con Dios"; y así incoscientemente decidí no ser más quien se opusiera a la corrupción y al desgano, sino dejarme llevar por la corriente.

Años después, me he soprendido con desagrado evitando las confrontaciones, prefiriendo quedarme callado en una mesa directiva, pero molesto, muy molesto por dentro, sabiendo que ese no es el carácter con el que Dios en verdad me hizo.

Ahora decido recuperar esta parte de mi corazón de hombre, ser decidido y fuerte, y responder al llamado de mi propio interior para señalar lo que considero impropio y mejorable, amar las confrontaciones (como siempre las he amado *sonrisa*), y reconocer que no fui yo el que estaba alejado de Dios, sino ellos quienes habían decidido en ese entonces corrompler la administración del lugar donde trabajaba -sin importar si en el proceso yo salía dañado-.

Ya no soy el mismo, ya no soy ese joven que había asumido un puesto y de quien se esperaba que asintiera a toda decisión. Soy un hombre que ha sando de tantas heridas y que sigo adelante sin avergonzarme por ser precisamente, un hombre de carácter fuerte.

1 comentario:

Eduardo dijo...

esta si que me sirvio...