martes, 12 de mayo de 2009

Un bobo que intentó atacarme con mi propio testimonio

Este domingo se acercó un tipo en la iglesia a amenazarme. (Sus motivos, prejuicios que se formó solito). Básicamente entendí que me atacaría usando mi testimonio, y seguramente, el hecho de que yo había estado en pecado homosexual. Hoy cometí la tontería de llamarlo por teléfono para ponerlo en su lugar; lo único que conseguí fue llenarme de rabia y sentirme burlado, mis propios gritos solo desestabilizaron la paz con la que el Espíritu Santo me ha llenado, y me quedo con todas las ganas de partirlo en dos. Yo estaba fuera de control, completamente. Ok, honestamente, también le dije un par de cosas que le han de haber llegado al hueso.
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¿Qué derecho tenía el tipo de acusarme de seguir en pecado sexual, o de chantajearme con mi testimonio? No estuvo allí cuando yo estaba herido, no tiene el derecho de invalidar el sacrificio de la cruz por mí, ni de tomar el papel del Espíritu Santo para acusarme. En resumen, es un completo idiota, yo ni siquiera le había hablado en mi vida.
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En verdad logró sacarme del carril, y sé que fue un ataque frontal justo antes de salir a Miami, a Expolit. Sé que la obra que Dios hará a partir de nuestra exposición es inmensa, y que el enemigo quería invalidar mi vida. Por unos instantes acepté la derrota, creyendo que mi testimonio nunca me haría libre, y siempre habría alguien que me acusara. Incluso pensé en cancelar mi viaje, horrorizado de pensar que estando en Miami, esta escena de acusación se repetiría una y otra vez.
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En mi desesperación, llamé a tres pastores, y a mis amigos, buscando un instante de paz para pensar con claridad. Su ayuda afectuosa, su atención me sirvieron para aclarar la forma en que debo enfrentar estos ataques:
  • Identifico el centro de todo este ataque: El enemigo quiere recordarme mi vida anterior por todos los medios, para que yo no despegue ministerialmente.
  • Me pregunto, siendo este tipo alguien salido de la nada, ¿por qué me dolió tanto? Me respondo que toca una fibra sensible en mi interior: el temor a no poder formar una familia y un matrimonio estables, creyendo que mi pasado anula mi futuro.
  • Regreso a la esencia, al centro de valores que Dios ha puesto en mí: Mi identidad como hombre depende solo de lo que Dios diga de mí, y no puedo asignarle voluntariamente autoridad a cualquier papanatas que se aparezca a opinar. Yo no les permito autoridad ni influencia.
  • La reacción correcta cuando este tipo me buscó en la iglesia debió ser indicarle que no me interesaba escucharlo, y que si quería decir algo, lo podría hacer frente a un pastor, o a cualquiera de mis amigos que estaban cerca (total, estaba en la iglesia, en casa). Cuando le hablé por teléfono luego, me dijo este tipo que no recordaba haberme dicho nada. En verdad fue mi responsabilidad el haberme expuesto tan bobamente.
  • Puedo recordarme a mí mismo que no estoy solo. Hay gente que en verdad me importa, y cuya opinión si valoro. Hay quienes me recordaron en esta crisis que si tengo un futuro matrimonial, que Dios restaura en mí el interés sexual suficiente para encontrar satisfacción en una relación, y que tengo un futuro ministerial impactante que el enemigo quiere destruir.
  • Cuando me ofendo, cuando algo me duele, es porque algo en mi carne sigue vivo y no lo he rendido a Dios. En este caso resultó ser el valor que le asigno a la opinión de otros, y mi deseo de mantener una imagen. Eso se acabó hace mucho tiempo.
  • Hay ataques que hay que ignorar por irrelevantes. Pero hay veces en las que la agresividad es lo correcto. Realmente no podía permitir que alguien me acusara de pecado y quedarme de brazos cruzados. Ser yo ha costado mucho (le ha costado más a Cristo), y no puedo aceptar basura solo porque sí. Este tipo sabe que la próxima vez que me vea pu temaperar un enfrentamiento si vuelve a tocar el tema.
  • Es valiosísimo que otra gente sepa ya mi testimonio. En realidad, ¿a quién podría este tipo contarle mi testimonio para dañarme? ¿A mis pastores? Nah, ya todos lo saben. ¿A mi familia? Ellos sirven conmigo en el ministerio para el que trabajo. ¿En la iglesia? Mi testimonio está filmado en vídeo y ya lo proyectaron en pantalla dos veces. Tal vez podría copiar mi testimonio del website oficial del ministerio, e imprimir fotocopias y repartirlas (podríamos organizar una firma de autógrafos también). O podría imprimir tarjetas de este blog para que más gente lea lo que Dios hace en mi vida. Lo absurdo de querer atacarme en medio de la transparencia que he construido, ha sustituido mi frustración con varias sonrisas espontáneas.
Mañana salgo a Miami, y aunque tengo aún algo de temor de como van a reaccionar tantos extranjeros al oírme, sé que todo estará bien. Agradezco a todos los amigos que me ayudaron a superar sta crisis. Tengo paz en medio de esto, y me propongo contar mi testimonio con más ganas todavía, para que el enemigo sepa que no estoy vencido.

1 comentario:

Carlos dijo...

LAS PERSONAS NO TIENEN MISERICORDIA,

EN CUANTO A EL TIENE MISERICORDIAS NUEVAS CADA MAÑANA..