sábado, 5 de diciembre de 2009

Dos horas extras de sueño, que el pecado no me va a robar

Durante el mes de Noviembre estuve muy ocupado, y tenía largo tiempo sin levantarme tarde. De hecho una de mis pruebas más grandes ha sido siempre quedarme en cama después de las 5:30. Esa pereza matutina me llena la cabeza de fantasías y me acerca peligrosamente a la auto-satisfacción.
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Pues anoche me propuse levantarme tarde. Tal vez para otros hombres no es un gran asunto, pero para mí significaría una gran victoria. Me levantaría a las 8:00 AM, y mi hermana prepararía un desayuno de campeonato para toda la familia. Iría al gimnasio hasta las 10:00 AM, tal vez a nadar.
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El plan estaba funcionando muy bien... hasta las 6:00 AM. Pero hoy no estaba dispuesto a ceder ante esos pensamientos. No me iban a quitar el sueño, ni la paz, ni la hombría, ni la restauración. Y especialmente las fantasías homosexuales no tendrían por qué regresar.
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Creo que hoy a esa hora hice una de las oraciones más honestas que han salido de mi mente adormecida: "Dios, sabiendo que disfruto tanto ver y pensar en el cuerpo de una mujer que me gusta, no me conformaré con estos recuerdos. Tengo ya un futuro y no voy a dejarlo por estos deseos antiguos. Gracias por lo que has hecho por mí en este año". Y me dormí dos horas más.
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Quizás no fue la oración mejor pensada, más teológica y mejor estructurada. Creo que los componentes de mi oración eran más carnales que espirituales, pero de que era honesta, estoy seguro que lo era. Y sé que Dios me escuchó, y que mi alma y mi carne también, y tuvieron que obedecer.
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Y esa victoria de dormir un par de horas más sin fantasías, ha mejorado el espacio que el Espíritu Santo tiene en mi vida para ser un espíritu de dominio propio. Estoy contento por eso.