sábado, 21 de mayo de 2011

Homenaje y farsa

Hace un par de meses, encontramos una carta bajo nuestra puerta. Era una invitación de un hospital que mi papá ayudó a fundar hace 20 años. El director general, quien fuera gran amigo de mi papá, y una gran ayuda para estabilizar nuestra vida después de que él murió, firmaba personalmente la invitación. Llevarían a cabo un homenaje póstumo a mi papá por sus significativas contribuciones, y yo estaba invitado a recibirlo en el escenario, en su nombre.

Al día siguiente, mientras conducía, empecé a llorar de repente. Me escuché a mí mismo preguntarme qué tan justo era asistir a una ceremonia que honraría al hombre que fue mi padre.

Él también fue el hombre que abusó de mí mientras hacía una gran obra como médico. El hombre que envió la invitación, también falsificó el acta de defunción de mi papá, colocando una causa de muerte natural en vez de muerte por sobredosis de drogas. Los otros médicos que estarían alli, sabían toda la verdad (y sabían que le facilitaban los medicamentos a los cuales era adicto), y sé que entre el personal femenino que asistiría, también habría alguna que fue su amante.

Es cierto, su trabajo altruista merece ser honrado. Pero también reconozco que en los 20 años transcurridos desde su muerte, mi familia y yo hemos aprendido a vivir con la verdad completa: que fuimos una familia muy disfuncional, que nuestra crianza estuvo enmarcada en drogas y abuso, y que el camino de recuperación ha incluido ser responsables cada uno por nuestra participación en la misma.

Nadie tiene el derecho ahora de abrir heridas -nuevas- pidiéndome que regrese a una vida que oculta es, y que sonría dando un discurso que es una media verdad.

Por la manera en que he sido expuesto para contar mi testimonio, sé que algunos de ellos ya me han escuchado en público y saben cómo intento reconciliarme con mi padre. Pero si ellos quieren continuar con una farsa, no estoy obligado a seguirlos. A mí, la verdad sí me ha hecho libre: mi pastor, mi iglesia, mi novia y mis amigos cercanos saben toda esta verdad y me aman con este paquete incluido.

Así que no asistí, no sé que hicieron con el homenaje, no es mi responsabilidad (eso es importante, he aprendido que no soy responsable por las fantasías in felicidad de otros). A los pocos días recibimos una carta del médico director, un poco molesto por nuestra ausencia como familia, y junto a ella, la placa de reconocimiento.

No considero este episodio terminado. Mis opciones son escribirle una carta de vuelta a este médico, una carta honesta. Quizás necesite perdonarlo por haber contribuido a la farsa, sé que quiso hacerlo por nuestro bien pues éramos niños, pero no es la realidad que hoy vivo. Y han pasado varios episodios similares, que me hacen ver que falta bastante que reconciliar con mi pasado.

2 comentarios:

Eduardo Mejía dijo...

Creo que ese hombre no necesita mayor explicacion. Simplemente no puedes ir y basta amigo.
Y no mentis, porque la verdad si HAY MUCHO MAS COSAS RELEVANTES QUE HACER.
Ahora si consideras que esto seguira como creo entenderte animos, Dios esta con vos.

Edu.-

Charlie dijo...

Creo que todo esto es una lección de como nuestros actos por tapar, o simplemente hacer un favor a un amigo, facilitando o proporcionandole cosas que sabemos que hacen daño, puede tener consecuencias no solo en la persona directa a quien le haces el favor sino que te vuelves cómplice de él y ni llegas a pensar como todo esto puede alcanzar a otros de manera que no podíamos haber pensado, y es parte del engaño del pecado.