sábado, 21 de mayo de 2011

Los mejores años

Recientemente me he lamentado un poco por la sensación de que mi vida está empezando muy tarde.

Tengo 31 años ahora, y a veces pienso en qué estaba haciendo a los 18, a los 22 o a los 25. Estaba persiguiendo un sueño que no era mío, llenando las expectativas de ser el gran profesional y una estrella académica, buscando llenar con eso los conceptos de identidad y las relaciones que me faltaban.

Y es que era un hombre muy solitario, tenía esta vaga noción de que otros hombres eran amigos, y me preguntaba por qué yo siempre estaba al margen. Añadiendo a eso la ansiedad que me causaba la atracción homosexual, y escalar lo más pronto posible en la escala de mi industria, con razón empecé a colapsar.

El mes pasado cumplí años, y mi jefe me envió un email que terminaba con la frase, "creo que ahora estás viviendo tus mejores años."

Eso fue un enorme impacto. Pero honestamente, no me siento flotando. Ahora mi mente, mi concepto del tiempo se mueve entre esos dos polos, recordar con dolor todo el tiempo muerto, e identificar todas las bendiciones que hoy vivo.

Un inventario rápido de mis bendiciones…

Estoy en mejor forma, física y emocionalmente ahora que cuando tenía 20 años. Vivo sólo con residuos de atracción al mismo sexo. Tengo un círculo de amigos varones en quienes tengo una enorme confianza, con quienes puedo contar y a quienes entrego cuentas. Mi relación con la autoridad está sanando, y una enorme parte de mi rebeldía intrínseca ha cedido.

Antes tenía un trabajo que amaba, pero siempre tenía esa noción de que debía saltar al trabajo que sí tuviera sentido, que fuera… distinto, trascendente. Hoy ese trabajo es concreto, un trabajo ministerial en el que la experiencia con el pecado sexual sirve para ayudar a otros. Mi relación con Dios ahora es intencional y genuina, realmente lo siento conmigo.

Sé que mi jefe se refería también al noviazgo que ahora tengo. Definitivamente es un punto de mi vida en el que quise estar, pero no imaginaba posible; esta relación ha traído aún mayor crecimiento y restauración a mi vida, una mente emocional y sexualmente más intencional.

Aún así, es un temor tener una vida por delante, y estar empezando en ella. Estos son buenos años, pero no tengo la sensación de tener garantizado y blindado un futuro brillante, con el crecimiento, mi falta de destrezas se ha hecho más evidente, y los retos (¿matrimoniales, financieros, ministeriales?) se han multiplicado.

Empiezo a ver que el camino fuera de la homosexualidad nunca está acabado. Si fuera una competencia atlética, es lo que llamarían 'metas volantes', metas intermedias. Y aunque he pasado de estar perdido y ciego, a encontrar y ver el camino, creo que este camino aún sigue en una pendiente de subida…

1 comentario:

Eduardo Mejía dijo...

Ya no mires esos años asi Neto, no es bueno para tu salud psiquica el estar pensando "la perdida".
Ya paso, creo que su ayuda de LEC llego en el momento justo y es porque su palabra asi lo dice.

El no llega antes ni despues.
Pense un dia, que ¿porque rayos esa bendicion de LEC y la restauracion de la homosexualidad no llego a mis 17 años cuando regrese a el?

No hubiera comentido las estupideses que cometi despues al punto de justificarme y crerme que "era tecnicamente virgen" habiendo cedido a encuentros sexuales anonimos.

Eso fue complicado sabes, y ahorita que lei me acorde.
Digo de ese conflicto mental.

Porque? porque no vino a tiempo?
Pero esa respuesta estaba centrada en mi.

Pero una cosa entiendo ahora, que Dios tiene el control y sabe porque pasamos cada cosa y en nos da sentido y un propicito. una esperanza como dice nuestro verso favorito de jeremias.

Son pensamientos de bien...