martes, 1 de noviembre de 2011

La relación afectuosa y tierna que buscamos tener con el sexo

La adicción sexual puede definirse como una relación enferma con una conducta que reside en el interior de un individuo; es el sustituto de una relación tierna y protectora con las personas. En lugar de recurrir a las fuentes válidas de amor y cuidado en nuestras vidas, vamos a buscar sexo para que nos provea calor emocional.

Aunque parezca contrario a lo que la cultura propague, los hombres fuimos creados por Dios como seres relacionales, para conectarnos en cuatro esferas en la vida: con nuestros amigos y familia, con Dios, con nosotros mismos y con la comunidad. Cuando una persona no desarrolla relaciones en estas cuatro esferas, se vuelca a otro tipo de relaciones, y es entonces cuando se desarrolla la adicción sexual.

En las relaciones naturales hay una conexión con otros -un acto de dar y un acto de recibir. En la adicción sólo hay acciones de quitar, uno le arrebata placer al sexo, y el sexo le arrebata la personalidad y la identidad a uno. Las relaciones naturales están basadas en actos de conexiones, pero la adicción se basa en el aislamiento. A continuación, describo por qué es necesario mantener sanas relaciones en estas cuatro esferas:

(1) Relación con los amigos y la familia
Nuestras necesidades diarias son satisfechas en nuestro círculo más cercano. Desarrollamos una mejor consciencia de nosotros mismos a través de la retroalimentación de estas personas. A través de nuestras relaciones con los amigos y la familia también desarrollamos un sentido de que le importamos a otros, y un sentido de ser necesitados y de necesitar a otros. Aprendemos a ayudar a otros y cómo ser ayudados. Aprendemos también un sentido de responsabilidad, reconociendo que nuestras acciones afectan a otros y cómo las de otros nos afectan.
Pues quien no se preocupa de los suyos, y sobre todo de los de su propia familia, ha negado la fe y es peor que los que no creen. 1 Timoteo 5:8 DHH
En nuestras relaciones con los amigos y la familia, aprendemos a tener una sana interdependencia. Nada mejor que una sana interdependencia para vencer la enfermiza co-dependencia.

(2) Relación con Dios
Por medio de nuestro espíritu, creemos que hay un poder afuera de nosotros, más grande que nosotros. A través de una relación con Dios aprendemos a percibir y aceptar que hay un orden natural, que todo tiene una causa y consecuencia bajo el control soberano de Él. Cobramos consciencia del importante espacio que habitamos en el mundo y entre otros seres vivientes, pero también aprendemos que somos sólo una pieza de la humanidad, y que somos inferiores a Él, e incapaces de salvarnos a nosotros mismos. Aprendemos también que una relación con Dios es exclusiva, y no se mezcla con la adoración a sustancias o conductas. Al desarrollar una relación con Dios hacemos la transición de ser sus enemigos, a ser llamados sus amigos.
¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! 1 Juan 3:1a NVI
¿Quién se atreve a acusarnos a nosotros, a quienes Dios ha elegido para sí? Nadie, porque Dios mismo nos puso en la relación correcta con él. Romanos 8:33 NTV
Con esta perspectiva, aprendemos a ver el mundo y a nosotros con un sentido de realismo y humildad. Dios es nuestra primera opción de relación a quien acudir, ya que nuestros amigos y familia no siempre serán suficientes ni estarán disponibles. Aprendemos a creer y confiar en Alguien más grande que nosotros. Aprendemos a tener fe, lo cual significa que no tenemos que vivir sólo para el momento. Con esta fe creemos y confiamos que habrán momentos en el futuro de serenidad y un sentido de bienestar.

(3) Relación con nosotros mismos
Una relación con Dios no excluye una relación con uno mismo. Si no nos cuidamos y amamos a nosotros mismos, no tendremos un estándar para saber como amar a otros; la relación que tenemos con nosotros mismos se refleja siempre en la forma en que tratamos a los demás. Es imposible amar y cuidar a los demás, mientras acumulamos odio y auto-sabotaje hacia nuestro cuerpo o nuestra identidad.
[...] sólo Dios es nuestro dueño, y no hay otro como él. Debemos amarlo con todo nuestro ser, y amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos. Estos mandamientos son más importantes que cumplir con todos los ritos y deberes religiosos. Marcos 12:32-34 TLA
Al cuidarnos aprendemos a nutrirnos -la habilidad de apreciar el trabajo de Dios en nuestra vida y su amor al formarnos. Aprendemos a atesorar los recursos y ragos de carácter que Dios ya ha puesto en nuestro interior, a los cuales podemos recurrir, como poder, amor, y dominio propio - para vencer la adicción sexual. Al saber perdonarnos a nosotros mismos primero, aprendemos a perdonar a los demás.

(4) Relación con la comunidad
A través de la relación dentro de diferentes grupos en los que vivimos (nuestro vecindario, el lugar de trabajo, la iglesia y una comunidad de recuperación), aprendemos acerca de la responsabilidad que tenemos por otros. Aprendemos a ver las relaciones en un marco más amplio: aprendemos a contribuir, aprendemos a tomar, aprendemos a dar y a recibir cuidado de aquellos que nunca hemos conocido, y mantenemos el egoísmo y el aislamiento a raya.
¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía! [...] Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna. Salmos 133:1,3 NVI
»Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros. Juan 14:34-35 NVI
Una relación con una conducta sexual comienza cuando un hombre busca repetidamente la ilusión de alivio para evitar el dolor o la incomodidad. Esto se llama "buscar nutrirse a través de la evasión" -una manera antinatural de encargarse de las propias necesidades emocionales. En este punto, los adictos empiezan a descuidar sus relaciones naturales y el alivio que proveen, y a reemplazarlas por la relación con el sexo.

Consecuentemente, toda incomodidad se convierte en una señal para engancharse en una conducta sexual, no una señal para buscar conectarse con la gente, con uno mismo o con Dios.

Este tema es parte de una serie que estoy desarrollando en varias etapas para capacitar a los mentores de Libres en Cristo. Puedes escuchar la enseñanza que incluye éste y otros temas, en este enlace.

1 comentario:

Charlie dijo...

Gracias por tus aportes, se que Dios los usa en el momento oportuna como una herramienta para ayudar a otros, a través del testimonio de lo que has visto y aprendido.. Bendiciones me gustó y me hizo pensar el párrafo final.