jueves, 13 de noviembre de 2008

Prisionero de un vaso de agua

He descubierto reflexionando en lo que aprendo en el curso The Lord's Table, un hábito que tengo arraigado: Tomar agua pura cuando estoy nervioso, o frente a otra persona por primera vez. Supongo que lo hago para sentir que estoy en control de la realidad tangible, tener algo en la mano sobre lo cual tengo control para no pensar en el ambiente externo, que puede ser sorpresivo, riesgoso.
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En mi lucha para deshacerme de esta costumbre (como otras compulsiones que se están evidenciando), me he sorprendido a mí mismo tratando de agarrar un vaso inexistente, o tomando agua (en un confrontamiento de opiniones con alguien, por ejemplo), sin haber notado cuando me la serví.
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Ahora me he obligado a mí mismo a dejar el vaso de agua (podría ser una barra de chocolate, unos nachos; el simbolismo es lo importante), y recurrir a Dios en oración rápida para hallar calma y enfoque. Y las cosas han salido muy bien. Cada pequeño avance para asegurar paz y confianza en mi vida es muy valioso.

1 comentario:

Neto dijo...

Este fin de semana fue para mí una lucha y derrota más para el vaso de agua.