jueves, 19 de febrero de 2009

tratar de dormir ahogando la culpa (¿valgo por lo que hago?)

Me alejé estos días, en parte porque estoy bastante desvelado. No he podido dormir bien durante casi una semana... me siento intranquilo mientras duermo. Lo que escribo no es la crónica aburrida de lo mucho que duermo, sino el notable dato de que me siento culpable si descanso.

Apenas vine a esta ciudad, me fui a dormir. Eran las 11 a.m., pero yo tenía sueño, desvelo y algo de hartazgo. No recuerdo la última vez que hice una siesta entre semana, en la mañana. Han de haber pasado años, quizás desde la infancia, sin que yo descansara así.

Me dormí casi inmediatamente, pero me despertaba cada 15 minutos, cargado de culpabilidad por estar descansando, y necesitaba obligarme a mí mismo a librarme de esa sensación.

Solo me desperté cuando era hora de almorzar. Luego me volví a dormir, casi hasta la hora de la cena. Luego me volví a dormir hasta el día siguiente.


Al analizar este episodio, me doy cuenta de que aún lucho contra algo que se ha eliminado poco a poco de mi vida: la fortaleza del valor personal por el desempeño. Esto es, valgo por todo lo que hago; mientras mas hago, más valgo. Habiendo redescubierto esto, puedo explicarme por qué me cuesta tanto dormir, e identifico algunas heridas de infancia y juventud en las que aprendí que el descanso era malo.
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Mi abuela [a quien amo mucho] se negaba a descansar, y sé que en su lecho de muerte lo lamentó. Sus hijos aprendieron a hacer lo mismo, y enfrentaron el luto por la muerte de un cónyuge, los problemas matrimoniales y muchas cargas en la vida... "ocupándose en algo". En mi casa sucedía lo mismo, y ahora reconozco patrones nocivos, como cuando mi mamá empezaba a hacer tareas en la casa... justo cuando yo empezaba una siesta. Incluso un autor que leí identificaba la "imposición de vergüenza a través de hacer oficio". En mi opinión, esta es otra forma de abuso emocional.
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No todo es malo. Durante los últimos años he aprendido poco a poco a no sentirme culpable si me canso, y a dejar que otros -especialmente en casa- se quiebren y desgasten si así lo desean, pero no me cargo cuando esto sucede. Reconozco incluso que muchas veces, para descanar un poco, recurría a la auto-satisfacción para hallar calma y desahogo.
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Todos estos detalles sirven para desarrollar una estrategia de batalla, y para orar específicamente para la destrucción de esta fortaleza. Y estoy seguro de que en los próximos días, podré juntar todas estas anécdotas en un todo, y avanzar en mi libertad.

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