miércoles, 27 de mayo de 2009

¡Ese es mi Rey! ¿Lo conoces?


La Biblia dice que mi Rey es el Rey de los Judios, Él es el Rey de Israel, Él es el Rey de la justicia. Él es el Rey de las épocas. Él es el Rey de los Cielos. Él es el Rey de gloria. Él es el Rey de Reyes y Él es el Señor de Señores. Este es mi Rey. Me pregunto ¿Lo conoces?

Mi Rey es un Rey Soberano. Su amor no conoce unidades de medida. Él es duraderamente fuerte. Él es enteramente sincero. Él es eternamente firme. Es inmortalmente lleno de gracia. Es imperialmente poderoso. Él es imparcialmente misericordioso. ¿Tu lo conoces?

Él es el mayor fenómeno que ha cruzado el horizonte de este mundo. Él es el Hijo de Dios. Él es el Salvador del pecador. Él es el centro de la civilización. Él es incomparable. Él es sin precedentes. Es la idea más elevada en literatura. Él es la más alta personalidad en la filosofía. Él es la doctrina fundamental de la verdadera teología. Él es el único calificado para ser un salvador todo suficiente. Me pregunto ¿lo conoces hoy?

Él suministra fuerza a los débiles. Él está disponible para el tentado y del atribulado. El que se solidariza y salva. Él refuerza y sustenta. Es guarda y guía. Él limpia a los leprosos. Él perdona a los pecadores. Él condona a los deudores. Él libera a los cautivos. Él defiende a los débiles. Él bendice a los jóvenes. Él sirve a los desafortunados. Él considera a los ancianos. Él premia al diligente y embellece al manso. Me pregunto si lo conoces.

Él es la clave del conocimiento. Él es el manantial de la sabiduría. Él es la puerta de la liberación. Él es el camino de la paz. Él es el sendero de la rectitud. Él es la ruta de la santidad. Él es la puerta de la gloria. ¿Tu lo conoces?

Su vida es incomparable. Su bondad es ilimitada. Su misericordia es eterna. Su amor nunca cambia. Su palabra basta. Su gracia es suficiente. Su reinado es justo. Su yugo es fácil y Su carga es ligera. Yo quisiera describírtelo a Él, pero Él es Él es indescriptible. Es incomprensible, es invencible, Él es la irresistible. No puedes sacarlo de tu mente. No puedes obtener nada fuera de sus manos. No se puede sobrevivir a Él y no se puede vivir sin Él.

Los fariseos no podían soportarlo, pero descubrieron que no podían detenerlo. Pilato no pudo encontrar culpa alguna en Él. Herodes no pudo matarlo. La muerte no pudo manejarlo y la tumba no pudo contenerlo.

¡ESE ES MI REY!

Original en EnHábito

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que viva Cristo, que viva El Rey.