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jueves, 29 de septiembre de 2011

Nuestro intento de conectarnos con Dios a través del sexo

Una duda que he guardado, es cómo se compara el placer del pecado sexual con el placer de la presencia de Dios. Yo mismo nunca logro comprarme de que sean similares - la comparación se siente sucia y extraña, y no tiene sentido. Por eso, evito dar un consejo como "puedes satisfacer todas tus necesidades en Dios, incluyendo las necesidades sexuales."

Sin embargo, preparando una prédica encontré en un libro de Craig Nakken una descripción de cómo el trance que provoca el pecado sexual, intenta sustituir a la presencia de Dios.

Es útil comprender que ese estado de intoxicación -el estado de ánimo que viene con el ritual adictivo- es similar a un estado de trance, un estado de flotar, fantasear y separarse del mundo; se puede vivir en dos mundos a la vez, flotando entre el mundo de la adicción y el mundo real sin que otros se den cuenta. Especialmente cuando se trata de un orgasmo, el trance le permite a uno separarse del dolor, la culpa y la vergüenza que sufre, de manera que la posibilidad de repetirlo se vuelve muy atractiva.