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jueves, 29 de septiembre de 2011

Nuestro intento de conectarnos con Dios a través del sexo

Una duda que he guardado, es cómo se compara el placer del pecado sexual con el placer de la presencia de Dios. Yo mismo nunca logro comprarme de que sean similares - la comparación se siente sucia y extraña, y no tiene sentido. Por eso, evito dar un consejo como "puedes satisfacer todas tus necesidades en Dios, incluyendo las necesidades sexuales."

Sin embargo, preparando una prédica encontré en un libro de Craig Nakken una descripción de cómo el trance que provoca el pecado sexual, intenta sustituir a la presencia de Dios.

Es útil comprender que ese estado de intoxicación -el estado de ánimo que viene con el ritual adictivo- es similar a un estado de trance, un estado de flotar, fantasear y separarse del mundo; se puede vivir en dos mundos a la vez, flotando entre el mundo de la adicción y el mundo real sin que otros se den cuenta. Especialmente cuando se trata de un orgasmo, el trance le permite a uno separarse del dolor, la culpa y la vergüenza que sufre, de manera que la posibilidad de repetirlo se vuelve muy atractiva.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

HandzOff


No sé si es sólo una broma, pero me pareció muy graciosa la idea, aunque en el fondo ineficiente. Suponiendo que uno mastique dos chicles cada seis horas, una caja de estos alcanzaría para un día aproximadamente. Muy caro. Y el aliento a menta lo delataría a uno.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sin descargas. Sin excusas.

Siendo que las emisiones nocturnas son un gran alivio para un hombre soltero que se abstiene de pecado sexual, yo mismo me sorprendo cómo he pasado ya cuatro meses y medio sin ellas.

Pero ya pasé la etapa de desesperación, reclamos a Dios e insomonio por esta tensión, y puedo confiar en que Él está en control. Realmente, si no tengo una descarga involuntaria, no hay mayor cosa que puedo hacer.

Escribo esto porque que confío en un Padre bueno que conoce por lo que paso, y que antes no había experimentado esta calma. Padre bueno, todo el tiempo. Cuerpo en orden, pase lo que pase. Hijo fiel, sin usar esto con excusa para caer en pecado.

Ya regresarán. Espero.

lunes, 1 de marzo de 2010

Fue mi hermano quien me detuvo de caer en pecado.

Anoche fue una noche extraña. Me desperté alrededor de las 11 pm, masturbándome. Lo que me despertó fue la voz de mi hermano, preguntándome de alguna manera qué sucedía.
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Me detuve en el instante, y me quedé helado pensando en las implicaciones de lo que había pasado.
  1. Pude haber consumado un pecado -y uno de los pecados que más consciente y esforzadamente evito- sin estar consciente por completo. Dormido, podría entonces cometer otros pecados sexuales.
  2. Mi hermano, a quien debo dar testimonio de pureza, me sorprendió tocándome. No es el testimonio que quería darle.
  3. Había estado deseando tanto masturbarme de esa manera, que mi carne se dispuso a ponerlo en práctica. Fue mi responsabilidad el guardar un deseo pecaminoso.
Me levanté de la cama, fui al baño a cambiarme de ropa de dormir, a lavarme la cara con agua fría y a procurar despertarme por completo, mientras las ideas que antes comenté, me atornillaban la mente.
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Me sentí culpable, un pecador por completo. Pero al despertarme en el baño, al volverme consciente de nuevo, supe que el hecho que mi hermano me hubiera despertado, era también una muestra de la misericordia y los cuidados de mi Padre en el momento oportuno.
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Al día siguiente, al contarle a mi pastor, me animó a conversarlo abiertamente con mi hermano -como dice él, conversando como hombres, y explicarle que "no he llegado al nivel", sino que sigo teniendo luchas legítimas contra el pecado.
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Yo sé que este incidente ocurrió para hacerme más vulnerable ante mi hermano, hacerle saber que aunque vivo en mejor pureza, sigo siendo tan humano como él, y abrir la conversación de sexualidad entre nosotros, algo que nunca ha sucedido.
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Y aún más, sucedió para que yo me haga un espacio de influencia entonces en la libertad del pecado sexual que mi hermano necesita, y ser un verdadero hermano mayor para él.

domingo, 14 de febrero de 2010

Vivir la restauración, al enseñar a otros hombres

El martes de esta semana un amigo me invitó a enseñar en el grupo de jóvenes adultos de mi iglesia, acerca del principio de la entrega de cuentas.
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Es un grupo de unos 12 hombres, casi todos más jóvenes que yo. Cuando pensé en aceptar la invitación, supe también que enfrentaría mi miedo a sentirme un adolescente inapropriado y amanerado entre 12 compañeros de colegio. Una imagen irreal, pero un temor muy real para mí. 12 tipos viéndome fijamente y evaluando lo que tenía que decir.
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El inicio de mi charla costó que despegara, y tuve que tomar todas mis fuerzas disponibles para guardar la serenidad, y recordarme que podía liderar la situación.
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La manera más apropiada que se me ocurrió para hablar del tema fue intercalar mi testimonios con algunos puntos de instrucción.
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Hablar del tema significa para mí ser explícito en mi constante lucha contra la msturbación, contra la glotonería, y en general acerca de mis temores, errores y aprendizaje al entregar cuentas.
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Esa noche fue una mezcla de mi asombro al ver a la vez el asombro de los que me escuchaban, de una victoria sobre mi miedo al hablarle con autoridad a otros hombres, y de flexibilidad de mi estilo de comunicación, especialmente cuando hay que aprovechar y reencauzar las (muy buenas) bromas del grupo acerca de los temas de sexualidad que estábamos tratando.
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Pero sobre todo, fue una noche para sorprenderme a mí mismo hablando y enseñando a otros hombres jóvenes acerca de valores de hombría que manifiesto y que sigo aprendiendo. Hago una pausa para enfatizar la ironía: yo, un hombre que antes estaba atrapado en una confusión homosexual, ahora enseñando a otros a adquirir hombría.
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Esta fue una experiencia que sobrepasa la capacidad de describirla con palabras. Pasé de ser un adolescente asustado de regreso en el salón de clases, a sentirme en la piel de un hombre formado ya en buena parte, sintiendo a pleno la masculinidad, el espíritu de grupo y el sentido de autoridad y pertenecia, al vivir con propósito instruyendo a otros para experimentar el afecto paternal en las luchas contra el pecado.
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Sé que esta es una manifestación del Espíritu Santo actuando, afirmándome, dándome influencia e incluso modificando cada vez más mi forma de hablar y mi lenguaje corporal para hacerme menos profesional y más bromista, más masculino, más joven. Esto es tan genial.