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viernes, 21 de diciembre de 2007

¿Por qué se llama así este blog?

Es una referencia a un libro de T.D. Jakes, acerca de Lázaro, el hombre en el relato bíblico que resucitó. La orden que Jesús exclama, "¡Suelten a ese hombre y déjenlo ir!", tienen mucho significado para mí. Su libro desarrolla alrededor de este tema la restauración de un hombre que ha sido dañado, y fue uno de los primeros recursos que leí cuando empezaba a buscar ayuda.
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Hubo una época en la que cometí muchos errores. Vivía esclavo de una sexualidad desordenada, de varios trastornos mentales, de hábitos nocivos para mi salud. Estaba separado de Dios, y en verdad sentía que había muerto hace muchos años en medio de una infancia y adolescencia tortuosas, que me dejaron en un estado de lástima.
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Hubo un día en el que sentí que Dios me llamaba a salir de esa tumba en la que ya mi cuerpo y mi alma se habían podrido. Inicié este blog para mí mismo, porque tiendo a olvidar los milagros de Dios en mi vida, y quiero recordar paso a paso el camino que me ha traído fuera de la corrupción. Sin embargo ahora se ha convertido en lectura para algunos amigos a los que intencionalmente les pido que apoyen mi camino.
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"¡Suelten a ese hombre y déjenlo ir!" significa para mí luchar contra quienes preferirían que me quedara en la tumba por temor a tener que convivir ahora con un hombre nuevo. Significa también que mi cuerpo es hecho nuevo, y ya no convivo con las tinieblas de la tumba. Singifica que Cristo me llamó fuera para que fuéramos amigos.
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En este blog registro como aprendo a sentirme hijo por primera vez (las experiencias con mi padre biológico fueron nocivas), como veo que se repara mi identidad sexual, y mi vida se despliega en el propósito que Dios tiene para mí. Ya estoy muy lejos de ser el niño que inició el blog y me he convertido en un hombre que se siente hijo, amigo y líder.
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Si este blog te ayuda para ver reflejadas tus experiencias, y saber que la restauración es posible, habré logrado uno de los objetivos con los que lo inicié.
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Update: 15 de Noviembre de 2008
Regreso al inicio del blog haciendo click aquí.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Regrésenlo a la tumba

Aprendo que como Lázaro, estuve muerto y regreso a la vida. Aprendo también, que no todos quieren que regrese.
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María, la hermana de Lázaro, protestó: “Señor, ya hiede…” He descubierto que de la misma manera, las personas a las que he herido en el pasado, como consecuencia de la corrupción que vivía, tienen dificultades en creer en mí. Mentí demasiado, oculté mi pecado mientras fingía santidad e intenté llevar a otros a la corrupción.
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Aprendo a estar listo de antemano para estos casos, y pedir fuerzas a Dios para enfrentar el ataque y repudio que pueda experimentar debido a mi testimonio, de la gente que yo mismo lastimé en el camino. Aprendo que una de las maneras de ayudar a quienes pudieran desear verme dentro de la tumba es mostrar que Cristo en verdad ha cambiado mi vida. Probablemente cuando vean la recuperación podrán decir “¡En verdad funciona! ¡Cristo en verdad sana y salva!” e iniciar un camino propio de sanidad y recuperación.
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(Redactado hace varias semanas, y publicado hasta el día de hoy).

martes, 26 de junio de 2007

¿Cuántas veces puede morir un hombre?: Volver a la vida

Escuché las palabras de la gente cuando Jesús lloraba por Lázaro, su amigo. “Ved cuánto le amaba”. Me sentí en realidad como cada leproso viendo su cuerpo ya muerto pero aún con aliento en su ser, pidiéndole al Cristo, “Si quieres, puedes sanarme”. Y Cristo enjugando sus lágrimas como cuando lo hizo con Lázaro, o como lo hizo con este leproso.

“Si, si quiero”. “Ven fuera”. Y dejé al niño en su tumba. Y vi mi carne renacer, y cuándo Jesús me dijo a mí, Ven fuera, entre lágrimas y con gusto he salido a su encuentro desde la muerte en la que estuve.

Y he escuchado su voz. “Yo te ofrezco abrazos inocentes; yo estoy orgulloso de ti; yo celebro tener un hijo; y prometo darte todas las experiencias agradables que nunca tuviste, porque soy un Padre que todo lo puede; eres mi hijo amado, en ti tengo complacencia”.
Empecé queriendo buscar al hombre que no encontraba en mi ser, pero resulté encontrando al niño que nunca fui. Siempre supe que mi padre no celebró mi nacimiento. Y siempre entendí en el fondo de mi ser, sobrenaturalmente, que mi madre hubiera querido que él celebrara.

Cuando terminé de orar y llorar (no sé cuánto tiempo fue, quizás dos horas), sentí su voz, instruyéndome a comprar un álbum de bebé, un arreglo de globos y unas participaciones de nacimiento, las que nunca tuve.

Descanso ahora en ser su niño, no quiero más por ahora. He emprendido mi proyecto con tanta alegría y paz. Y sé que ésta es idea de Dios, porque yo he dudado y le he preguntado, “¿Señor, no es esto demasiado para un hombre adulto?” y he sentido su voz una vez más, “¿No, no es demasiado. Porque yo celebro tener a un hijo varón?”. T.D. Jakes me ha instruido a través de su libro: Celebre su masculinidad. Y ahora sé que Dios quiere que yo celebre con todas mis fuerzas y a todo pulmón cada etapa de mi masculinidad.

¿Cuántas veces puede morir un hombre?: Visiones

Físicamente una, pero emocionalmente, son demasiadas veces.
El 23 de Junio hice una oración que había rehuido por algunas semanas. Dios me ha mostrado en recientes ocasiones, que he transitado por el camino del perdón en mi vida anterior, pero no por el de la restauración.
Y así, en mi mente se integraron las palabras de dos autores que considero amigos, Max Lucado y T.D. Jakes, y enfrenté una realidad: Ya morí varias veces.

Fui abusado sexualmente por mi padre y no recuerdo ya cuántas veces. Negó todo amor que pudo mostrarme. Uso cada oportunidad disponible para humillar mis talentos y mi capacidad, para maldecir mi futuro y negarme la masculinidad. Según él, yo nunca llegaría a ser alguien en la vida.

Sobreviví a varios intentos suyos de matarme. Y ya he perdonado, según sé, la mayoría de esas cosas. Pero siempre he querido saber qué significa tener un padre. Y así, me he puesto delante de Dios, y con tantas lágrimas le he dicho sin vergüenza: Señor, no entiendo ese concepto de paternidad. Nunca lo experimenté, y no sé como puedes dármelo. Pero en tu plan perfecto, dame los abrazos que nunca tuve, las bendiciones que nunca recibí y las palabras de amor que me hicieron falta.

Fue entonces cuando entendí mi muerte cada vez. Y en una visión sobrenatural, tal como las que sólo Dios puede armar, me ví a mi mismo a la orilla del agujero cavado en el piso del cementerio, y vi a mi yo niño dentro, ya muerto. Y me permití llorar por el duelo, por la muerte mía en cada abuso, por la muerte de cada sueño negado. En verdad lloré y lloré por cada minuto de mi niñez que nunca existió, y hubiera querido llorar en tiempo real, los años transcurridos.

Lloré por las palabras de amor que no conozco. Por cada te quiero inocente que no existió. Por los abrazos sin doble intención que no encontré nunca. Y ví mi corazón pudriéndose y cortado en tajadas, porque en verdad no estuvo entero. Y mi carne infectada con malas intenciones y los juguetes que nunca me dieron. Los cumpleaños en los que él no estuvo, ni en las entregas de calificaciones, ni en mis actos escolares. Y lloré más, por que no puedo contar las muertes vividas. Lloré en mi visión junto a Jesucristo, quien nunca me dejó en este duelo.