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jueves, 16 de diciembre de 2010

Me intriga por qué guardo imágenes pornográficas tan antiguas en mi mente

Esta semana me he hecho la pregunta, "¿Qué tengo que hacer para eliminar definitivamente las imágenes pornográficas que almacena mi mente?"

Durante algunos días, me he detenido a pensar, que las tentaciones que experimento actualmente no resultan de lo que he visto, conversado o hecho esta semana, sino que datan de hace años. Haciendo números, unas de estas fantasías se generaron hace dieciocho años, otras hace veinticinco, otras hace diez. Y quisiera que hubiera una serie de pasos para eliminarlas, para que no me estorben más. Pero no sé cómo.

Lo que puedo empezar, es a ser específico en confesarlas, y es más fácil para mí ordenarlas aquí, antes de acudir a alguien a contarle.

Admito conmigo mismo que tenía un crush con ciertos actores de la televisión, los de esas series juveniles; tal vez era admiración pero definitivamente durante mi adolescencia, se hizo algo erótico. A veces soy tentado a buscar fotos de esos mismos actores. Es algo cursi, porque eso fue en los ochentas y noventas y ahora se ven tan anticuados, en ropa que ahora sería un crimen vestir. Pero me sucede.

Es lo mismo con ciertas películas de acción de esas décadas, tienen algo de homoerótico, no sé por qué no era tan obvio entonces, y acciones como buscar el póster oficial o fotogramas de una de esas películas me distorsionan. Gracias a Dios que se han hecho viejos, eso ha ayudado mucho, jajja.

Creo que alrededor de esas películas, y por mis propios complejos acerca de mi físico, me empezaron a atraer los fisicoculturistas. Eso imagino fue el germen para sentirme atraído luego por actores pornográficos.

Sé que puedo estar cayendo en lo chocante al escribir esto, pero es el núcleo de la tentación que experimento. Realmente pareciera una devoción, una adicción por actores específicos. Sé que aquí está la raíz de muchas cosas, pues son los pensamientos que me interrumpen a veces, esas ganas de ver a determinada persona, y es esto lo que necesito contarle a mis compañeros de responsabilidad, mientras más específico mejor, pues esa confesión es lo que da forma a los límites que necesito fortalecer.

De la misma manera, las primeras páginas pornográficas que vi marcaron mis preferencias de una manera profunda. Mi pastor suele decir que la primera experiencia pornográfica tiene el efecto de una quemadura en el cerebro. Sé que si le confieso a alguien personalmente acerca de estas primeras ocasiones, avanzaré en borrar todo esto de mi mente.

Durante los primeros años de mis veintes, cuando tuve libre acceso al Internet, pasaba mucho tiempo con esa hambre de ver más pornografía, buscando nuevas experiencias. Identifico ahora que hay ciertas actividades sexuales que quise probar, intereses desviados que la pornografía desarrolló en mi, cosas con las que empecé a fantasear, y estas son las tentaciones que ahora también interrumpen mi mente y mi paz.

Ahora dedicaré tiempo a tomar valor para contarle esto a alguien -en más detalle incluso- y a buscar, a pedir ayuda a Dios mismo, como el Padre fiel que es, para saber cómo proceder luego.