viernes, 22 de mayo de 2009

Ser intencional al comprar en un centro comercial

Parece aburridísimo que alguien escriba acerca de lo que compró en los centros comerciales mientras estaba de viaje. Ya lo sé. Prometo que tengo algo que me parece valioso para escribir al respecto.
  1. Las compras también son lujuria, y apelan a la sensualidad de los hombres y mujeres. Eso lo aprendí de Rob Bell. Vi ojos vidriosos y sufrimiento en los rostros, cuando una persona comprendía que ya habían sacado un modelo nuevo del producto que ya había comprado a finales del año pasado. Vi a otros comprar lo mismo que yo compraba, simplemente porque sí, aún sin conocer el producto, o ropa que no les quedaba, o comprar algo en cada tienda, como si fuera una meta no dejar ninguna vitrina sin su huella. Vi la desesperación en lugar de la alegría por comprar y disponer de la plata. Así de triste es la lujuria por los bienes. Justo durante esta semana escuché de Joyce Meyer acerca de como siempre podemos vivir con mesura y sobriedad, y como el enemigo puede tomar ventaja de nuestro desenfreno.
  2. Siempre debo recordar que necesito ropa para una imagen adulta y masculina, y que al mismo tiempo sea llamativa. Ahora es más sencillo para mí ir de compras, pero no siempre fue así. Busco ropa que ajuste un poco al cuerpo y que talle bien, en vez de la ropa inmensa que alguna vez compraba para ocultar mi cuerpo, como reflejo de una baja autoestima. Busco ropa que haga un impacto cuando yo esté en una habitación, mientras que antes buscaba aquellas prendas que me permitieran diluirme en el entorno, pasar desapercibido. Evito el look andrógino. Por eso me parece algo sin mucho sentido que alguien adquiera lo que yo compro, simplemente por no poder resistir el impulso, siendo que mis compras tienen un mensaje personal que Dios ha puesto específicamente en mi interior.
  3. Hay demasiada comida por acá, alguna muy, muy buena. Eso no significa que yo deba comer y probar todo, habiéndome propuesto hace tiempo cuidar mi cuerpo y escapar de la lujuria por la comida.
  4. Compré más cosas para leer. Primero, dos revistas, incluyendo una Best Life. Escribí hace unos meses acerca de como he necesitado buscar este tipo de entretenimiento. Sé que Best Life promueve una sexualidad disciplinada y madura, y valores mucho más sólidos que su hermano menor, Men's Health. Compré también un libro de David Sedaris, Dress your family in denim and corduroy. Sedaris es un escritor de memorias acerca de su infancia disfuncional, y lo hace de una manera tan graciosa, que no puedo dejar de admirar como se ríe de sí mismo. Ya lo había escrito antes acá también: Disfuncional es divertido.