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martes, 28 de abril de 2009

Revisitando un lugar de corrección, disciplina y purificación para un hombre

Un gran faltante en mi vida, fue la paternidad -y eso fue un caldo de cultivo para que yo escogiera el pecado homosexual, y para que rehuyera a las relaciones sanas con otros hombres. Constantmente regresan a mi vida algunos momentos en los que desarrollo resistencia a la paternidad, y rechazo a la autoridad masculina. Ahora estoy luchando contra uno de esos momentos.
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Hoy mientras oraba buscando respuestas en Dios para aceptar el entrenamiento de Dios en el que me encuentro, recordé una entrada que hice en este blog hace un tiempo acerca de Gilgal, el lugar de paternidad en el que muchos hombres de la Biblia encontraron disciplina antes de emprender su ministerio o su victoria. Revisé el libro del cual lo tomé, y reescribo los pasajes que más me han hablado al respecto:
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En el pasado, he interpretado la relación de paternidad espiritual como la de un amigo. Sin embargo, un amigo me puede amar tanto que me soportará tal cual soy. En cambio, un padre espiritual me amará tanto que no me dejará así, sino que me corregirá.
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Yo prefiero ser tratado como hijo, y no como amigo del pastor. Si visualizo a un hombre -a una autoridad masculina- solo como amigo, difícilmente aceptaré la corrección que venga de él, o lo desestimaré. Si desarrollo resistencia y rencor, probablemente intente "huir de casa", irme sin la bendición paternal.
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Acepto que en el proceso de la disciplina de Dios, hay personas que nunca podrán ser hijos; pueden ser miembros de la congregación, pero nunca, parte de la familia. Yo no quiero ser parte de una generación no acepta regaños ni corrección; quiero estar hecho de roca y no de papel.
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Un padre, una figura pastoral me corrige porque puede visualizar el destino y el propósito de Dios para mi vida. Tiempo después, sé que entenderé que la reprensión intenta transformar algo que yo no veía. Quizás, a otros les perdonan lo que a mí me corrigen, porque hay un destino al que Dios quiere llevarme. A otros no los llamó a donde me llamó a mí.
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El mismo Salomón admitió en sus escritos, que la dirección y amonestación de su padre David fue de vital importancia en la formación de su carácter, y lo que trajo como resultado fue gloria, esplendor y excelencia a su reino. Yo también deseo un carácter sólido, gloria para Dios, esplendor y excelencia en lo que hago.

En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre. Y ya han olvidado por completo las palabras de aliento que como a hijos se les dirige:

«Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo.»

Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus, para que vivamos?

Hebreos 12:4-9 NVI

lunes, 10 de diciembre de 2007

Ser hombre e hijo, en un Consejo Directivo

Durante los últimos meses ha sido un reto para mí aprender a ser hijo, y recibir de mis pastores y líderes la bendición paternal en mi trabajo en la obra de Dios. En el pasado, siempre intenté evadir y resistir a la autoridad, y ahora encuentro inclusión y bendición en la honra que debo a un padre espiritual.
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Hace unos días me encontré en una de esas situaciones en las que mi opinión es apreciada –pero mis argumentos refutados- en un consejo directivo. Primero, me sorprendí de mi propia reacción, al no sentir la ira que antes vivía cuando no se hacía mi voluntad, sino más bien una sensación suave indicando “todo estará bien”.
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Luego, al final de la reunión, cuando este hombre habló lo que tenía en su corazón con respecto a nosotros, los miembros del equipo; nos explicó la forma en que en verdad nos veía como hijos, dispuesto a contradecirnos y corregirnos con severidad que nace del amor profundo que nos tiene; nos agradeció la forma en que sostenemos su obra ministerial en los años de su edad avanzada, y la forma en la que él descansa en el trabajo que hacemos. La mayoría de hombres en la mesa mostrábamos en los ojos asomos de agua. Supongo que es la manifestación de “recibir una unción de hijo”, tal como la recibió Eliseo de su mentor, Elías.
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Cuando vivo circunstancias así, identifico la restauración que Dios hace de la paternidad, el sentido de destino y la bendición que hicieron falta en la vida de un hombre (la mía en este caso), y de cómo sus correcciones nacen del profundo amor que tiene por mí.

viernes, 10 de agosto de 2007

300: Identidad y Hombría






300 es una película que no recurre a la ternura ni a la comedia para demostrar con creces la esencia de la identidad de un hombre: Amar y ser fiel a su esposa, enseñar todo lo que sabe a su hijo, construcción de amistad con hombres que no temen comprometer su identidad, y pelear hasta morir por su libertad. Me gusta la película; me anima a pelear duro por lo que quiero como hombre en Cristo: Un futuro matrimonio sano, hijos a quienes heredar unción, amigos con quienes ganarle al enemigo y buscar la herencia de un padre espiritual.
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Al respecto de esto último, es impresionante la similitud de la película, del soldado que busca aprobación de Leonidas, su validación de identidad como hombre en batalla; sin embargo al no encontrarlo, busca una validación bastarda en el enemigo. He escrito en este blog algunas entradas de como he aprendido de Eliseo, quien buscó el manto de su padre espiritual Elías, con empeño y orden. Insisto, impresionante la metáfora del manto de validación, tanto en la película como en la historia bíblica.

lunes, 30 de julio de 2007

Jericó, Viaje de Pelea y Confrontación

Eliseo viajó con Elías a un tercer lugar donde simbólicamente un hijo recibe paternidad, la ciudad de Jericó. Allí los hijos de Israel habían acompañado a Josué a derribar murallas en batalla. Los miembros de la iglesia que tiene luchas se van; los hijos se quedan y pelean por su padre.
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Yo quiero decir “Descanse pastor, yo puedo luchar en esta batalla junto a usted. Yo defiendo su visión, su familia y su reputación. Soy hijo y protejo a mi padre”.
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Aprendo tres características que manifiesta un hijo que también es soldado:.
  1. Nunca abandono mi posición en el ministerio, no abandono a mi padre. Ataco el reino de las tinieblas con valor.
  2. No necesito que me traten con delicadeza. He pasado la etapa de necesitar palabras de aliento y afecto, Despliego mis armas espirituales porque sé que es mi misión defender a mi padre espiritual, no porque necesite una palmada en la espalda.
  3. Avanzo junto al pastor. Me detengo si él se detiene. Respeto su unción, así como el mismo David respetó el reinado de Saúl y no se prestó a dañarlo mientras descansaba.

Betel, Viaje de Sumisión y Visión

Eliseo acompañó a Elías a un segundo lugar en su viaje de paternidad, Betel, el lugar donde Jacob vio la escalera de ángeles, y recibió unción y visión de su Padre Celestial.
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Así como Jacob recostó su cabeza en una piedra que ungió al despertar, yo necesito hacer que mi cabeza y mi mente descansen en las palabras y visión de mis pastores.
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Hay muchos maestros, pero no todos son padres espirituales. Debo amar la visión de mi iglesia y ejecutarla con mis talentos, cuando sea el momento. Debo llenarme con la comida que nuestros pastores dan semana a semana, y no desear la comida que se cocina “en casa ajena a la de mi padre”.
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Jacob se volvió a ungir la roca. Yo debo regresar a la visión que me alimenta, y ungir con bendición al pastor que me la da. Jacob no siguió simplemente su camino con la palabra de Dios en su corazón. Yo no sigo mi camino sin bendecir a los hombres que me alimentan en esta restauración.
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Si quiero recibir la visión de un padre espiritual, caminar como él, hablar como él y actuar como él, debo continuar en este proceso de transformación de miembro de la congregación, a hijo espiritual.

Gilgal, Viaje de Disciplina y Purificación

De la lectura de Paternidad Espiritual aprendo a seguir el camino de Eliseo para ser hijo espiritual cuando su padre terrenal ya no estaba presente. Sé que mis pastores tienen la capacidad de disciplinarme, y que muchas veces he actuado fuera de esa unción de hijo.
Eliseo acompañó a Elías a Gilgal, el lugar donde Josué quitó el oprobio de los israelitas que salían de Egipto, en la figura de la circuncisión. En los “Gilgal” de mi vida entiendo que debo detenerme y ser corregido.
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Salomón supo aferrarse a las palabras de su padre para hallar sabiduría. Y eso condujo a una vida de esplendor. Me engaño a mi mismo cuando creo tener capacidad de reprender a mis líderes espirituales, cuando los busco como padres.
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Quiero buscar la bendición de un padre espiritual para tomar mis decisiones.
Deseo preguntar cuáles son las cosas en que necesito ser corregido.
Soy hijo espiritual por ahora, y quiero someterme al proceso doloroso de circuncidar mi corazón, eliminando las mentiras que se han alojado en mí acerca de lo que ser padre en verdad significa.

Las palabras de los sabios son como aguijones. Como clavos bien puestos son sus colecciones de dichos, dados por un solo pastor.

Eclesiastés 12:11

El hijo sabio atiende a la corrección de su padre, pero el insolente no hace caso de la reprensión.

Proverbios 13:1

viernes, 13 de julio de 2007

Dispuesto a ser hijo

Estoy aprendiendo acerca de ser hijo, un hijo de un padre espiritual. Me alienta y anima la historia de Eliseo, quien decidió no ser sirviente, sino hijo espiritual.
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Siguió a Elías en cada proceso, pero también fue desafiado constantemente por su mentor a continuar en su crecimiento, en vez de recibir órdenes directas de él. Si abandono esta lucha, seguramente no heredaré el legado que tengo como hijo. Deseo aprender a ser hijo, y me arrepiento porque a veces he traído deshonra a los hombres que son mis líderes espirituales. Quiero heredar ministerio, talentos y unción legítimamente, y recibir ese "manto" con gusto de otros hombres.
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Porque nosotros no somos de los que retroceden... sino de los que tienen fé.
Hebreos 10:39 RV60
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No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.
Gálatas 6:9

sábado, 30 de junio de 2007

Desandar el camino

El Señor, en su cuidado amoroso, me ha provisto de recursos, como libros e ideas, para ministrar mi vida en la afirmación de mi hombría y la paternidad que hizo falta.
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En ese contexto, el modelo que Elías fue de padre para Eliseo me conmueve y me revela mucho. Entre las lecciones aprendidas, encuentro que restauración también implica desandar el camino luego de haber adquirido la afirmación de paternidad que se necesitaba. (Posteriormente escribiré acerca de las enseñanzas acerca de la paternidad espiritual que sustituye a la paternidad consanguínea que no existió).
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Esto implica, transitar por las circunstancias que ya sucedieron y encontrarse con la misma gente que pudo hacer daño a mi personalidad; y aunque resulte doloroso, veo que Dios mismo unge a su siervo Eliseo para caminar en estos pasos.
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Siga esta historia conmigo. Elías ha prometido a Eliseo, su hijo espiritual, que recibirá una doble porción de su unción, si lo ve irse al cielo. Pero hay quienes parecieran alegrarse o mofarse en el hecho que Eliseo aún no ha sido ungido con esa bendición de paternidad:

Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el, le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre tí? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.

Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y se pararon delante a lo lejos; y ellos dos se pararon junto al Jordán.

Y viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio...

Es entonces cuando Eliseo hace su transición de hijo espiritual a adulto espiritual, y recibe la bendición completa de la paternidad de su mentor, Elías, quien había sustituido a su padre que había quedado atrás. Y Eliseo, lleno del poder del Señor, se voltea hacia quienes lo observaban con desdén, se dirige a ellos, y con una nueva fortaleza, hace grandes señales entre ellos.

Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.

Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El Espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.

2a Reyes 2

Los versículos siguientes describen otros milagros de Eliseo entre los profetas, quienes no dudan más de la investidura tan fuerte que Dios le ha dado como hombre.

De esta manera, gracias a la ayuda de uno de los pastores de mi iglesia, entiendo como ser restaurado y aprobado en Dios significa regresar a aquellos que dudaron de mí, a las circunstancias que me hicieron daño, y volver a vivirlas con la unción del Señor, no para mi gloria, sino para manifestar que el Espíritu de Dios aún desciende sobre aquel que está en el proceso de ser restaurado.

Estoy convencido que en las próximas semanas Dios me llevará a encontrarme con ciertas personas, y a mostrar los cambios que ha hecho en mí.