lunes, 25 de octubre de 2010

Malo

Tengo una palabra en mente desde hace muchos días. "Malo".

Malo...

Duele como una herida fresca. He preferido escribirlo para procesarlo, por que al verlo en letras el dolor adquiere un rumbo y un orden. Olvidé ya hace mucho el nombre que se le da a esas palabras que tienen el poder de desencadenar un estado emocional completo como consecuencia de trauma del pasado. Y es que "malo" me ha hecho recordar que la peor golpiza que mi papá me dio de niño fue porque en defensa propia, mi mamá le insultó de esa manera.

Saco esto de la manera más escueta posible, para no caer en mal gusto. Pero escribirlo me hace ver que este tipo de contradicciones en mi mente infantil me hizo adoptar (incluso sin mi conocimiento consciente) conductas para manipular a la gente que amo, haciéndoles creer que el dolor infligido es de hecho su culpa por haber evidenciado mi maldad, en lugar de tomar responsabilidad por el cambio urgente.

Esa es la manera en la que mi papá actuaba. Y aunque no sé aún en qué medida proyecto o proyectaba yo hacia otros esas mismas conductas, si sé que la victimización se volvió uno de mis juegos, de mis mecanismos de defensa favoritos.

Cuando un agresor en el colegio me insultaba, o cuando era objeto de burlas, tendía a manifestar como víctima, acuerdo con las palabras de insulto, como si eso me diera poder sobre el agresor, como si esperara inspirar lástima para evitar el dolor. Qué manera tan torcida para un niño de enfrentar la violencia, de catalogar los adjetivos y de verse a sí mismo y a su papá. Recuerdo que en esa ocasión, tuvimos que pedirle perdón y afirmarle varias veces que en realidad no era un hombre malo (después de la golpiza).

Y todo esto salió a luz la semana pasada, cuando mi novia me dijo "que malo sos." Sé que es un comentario inocente, pero se sintió como un agudo dolor en el centro del pecho.

Pero este post marca la etapa de mi vida en la que aprendo que no fui responsable por la forma en la que mi papá se veía a sí mismo. No fui responsable por el ambiente de mi casa, no era necesario que yo me moviera con sigilo esperando que no se sintiera un hombre 'malo'. Él fue responsable por ello, y en la ley justa de Dios, obtuvo en su vida las consecuencias de sus actos, y será juzgado según sus estándares y no los míos.

Del dolor que produce este recuerdo también saco la misma intensidad, la misma pasión que me hace comprometerme a verme a mí mismo de manera distinta. Esa fuerza me hace reforzar mi decisión de no ser un hombre malo para los míos.

Y sé que puedo imprimirle un sentido de promesa y certeza a esta nota, primero por que la enseñanza de Dios como Padre ha sido tan real, que ya puedo verme a mí mismo como esposo y padre, ya veo fluir en mis brazos y en mi mente una actitud de familia, aún siendo soltero. Así de tierno y cariñoso ha sido Él con su afecto y corrección para transformarme. Y sé que puedo hacerlo porque vivo inserto en una comunidad de hombres con quienes entrego cuentas, y que son modelos intencionales para mi actuar.

Y sé que puedo enfrentar esta mentira cada vez que aparezca en mi mente, con pensamientos mejores y con fruto más abundante. Confieso que más que mi propia bondad, soy un hombre justificado. Confieso que si vivo en integridad criaré a mis hijos con una personalidad confiada. Y me repetiré constantemente que Su Espíritu que vive en mí da fruto de bondad. ¡Su Palabra limpia y cambian cualquier mentira y conducta que yo haya vivido hasta ahora!


No hay comentarios: