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miércoles, 3 de marzo de 2010

Un ambiente incómodo entre hombres, que me hará crecer

Me siento incómodo en el grupo de hombres en el que he empezado a servir en mi congregación. Y realmente, esa incomodidad es intencional, pues mi mentor me ha enseñado que el crecimiento solo viene en lugares donde uno ya no está cómodo, donde uno debe aprender un nivel nuevo, y donde el desarrollo sea un reto.
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Para mí, compartir con un grupo de hombres es ese reto que he necesitado. Primero, porque allí no soy "el líder", ni "el adulto". Debo aprender como reaccionar a las bromas bien intencionadas pero rudas, a saber que no todo es un ataque, a integrarme al buen humor masculino que no es elaborado sino infantilmente inocente.
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Debo aprender a desechar mi temor de hacer bromas de tipo sexual y a aceptar que puedo disfrutarlas limpiamente solo por ser hombre, a conversar de otros temas como las armas de fuego, o los deportes, temas que no son aquellos a los cuales estoy acostumbrado. Debo recordarme a mí mismo que ahora soy muy niño, en una infancia que estoy aprendiendo a recuperar, y que así debo reaccionar y conducrime, con inocencia, humor confiado y expectativas positivas de la gente que me rodea.
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Este último martes encontré en mi interior cierto temor a deshacerme de mis limitantes que me hacen querer sentirme importante y excluido de ese círculo masculino, y elaboré una oración, muy en el contexto de Salvaje de Corazón, para romper con todo acuerdo que yo haya hecho que limite mi masculinidad, mi liderazgo, y mi comunión con otros hombres:

Papá, para sellar y acabar mi semana, declaro que rompo con cualquier pacto que yo haya hecho, con respecto a mi liderazgo, a mi servicio, a mis relaciones, a mis capacidades, a mi corazón como hombre enamorado y a mi condición de hijo.

No me limitaré para dejar de ser influyente, ni a ser valiente, a ser un conquistador, a escribir, a enseñar, a confrontar, a servir y a liderar.

No hay en mi vida palabras ni pacto con el diablo, que hagan que mi vida se estanque. Nunca.

Hoy decido filtrar todo apodo, ofensa, herida, emoción, deseo, pensamiento y actitud, en la Palabra de Dios.

Mi futuro nunca será robado ni encarcelado por un pacto que haya hecho antigua o recientemente.

En el nombre de tu Hijo Amado, hermano mayor de quien aprendo carácter, Amén.

lunes, 1 de febrero de 2010

Espero que con estos dólares, pueda comprarte mi vida y tu afecto

Las horas en las que salgo a correr para hacer ejercicio, se han vuelto momentos privados para pensar, y para encontrar a Dios, o solo mi tiempo personal. Escribí como en Diciembre una de esas madrugadas se convirtió en un momento de validación paterna.
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Esta semana, tuve que hacer un alto similar, a media calle. Empecé mi rutina escuchando a Joyce Meyer mientras corría los primeros kilómetros... y el tema era la misericordia. Su anécdota se refería a como una vez, cuando su hija era adolescente, cometió varios errores en un mismo día (del tipo de situaciones en los que los adolescentes se meten), incluyendo perder una receta médica, y quemar unas galletas en el horno.
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La reacción de Joyce (me permito llamarla Joyce), fue la frase "vas a tener que pagar esto, niña".
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Y al final de ese día, ella cuenta que encontró en su mesa de noche doce dólares, con una nota escrita a mano:
"Mamá, espero que esto cubra mis errores".
Yo iba corriendo a la par de una instalación eléctrica, esforzándome en plena subida, concentrado en la narración, pero sin predecir lo que vendría. Así que esta frase subió por los cables del iPod, directo a mis recuerdos, y explotó en mis ojos.
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Yo me vi a mí mismo tantas veces como niño, haciendo esos esfuerzos interminables por ganarme a la gente, a mis papás, a mis compañeros, o a mis maestros, a cualquiera que pudiera afirmar que ya no debía nada. En ese instante supe que aprendí de muchas maneras que el afecto no era gratuito, que la salvación tampoco, y que hasta con Dios mismo tendría que acercarme con mis esfuerzos, a decirle interminablemente.
"Dios, espero que esto cubra mis errores".
Parado de nuevo, agradecido porque las lágrimas se veían como sudor del ejercicio, le pedí perdón a Dios por tratar de comprarlo durante tantos años. Me pedí perdón a mí mismo por obligarme a trabajar tan duro por nada. Perdoné a toda la gente que no me interrumpió sino que fomentó este ciclo en mi vida. Y me quedé perplejo pensando por qué nunca supe que todo mi pecado, y todo mi sufrimiento, ya había sido llevado a la cruz hace tanto tiempo.
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Entendí en esa acera, a la par del muro, que como niño, nunca, nunca, nunca debió existir una ocasión en la que yo tuviera que ganarme las cosas. Dejé atrás frases como "en esta casa no trabajás, tu única obligación es sacar buenas calificaciones en el colegio", y "era lo mínimo que podías haber hecho".
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Ese niño que aún llevo adentro, que nunca tuvo el tiempo de vivir con estas libertades, es desde donde me siento impulsado ahora a recuperar esas sensaciones de seguridad y de vida gratuita que no tuve.
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Y ninguna fuerza, ninguna persona, va a aorillarme de nuevo a querer comprar mi vida de nuevo.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Lloré mientras corría, como un niño

Una lucha constante en mi vida ha sido mi indiferencia y mi desconocimiento del amor de Dios como Padre. Especialmente por la forma en la que mi papá biológico me crió en un entorno abusivo y humillante. Pero Dios sabe que he estado buscando su validación -a veces con desesperación-, y ha sabido como hacerme sentir su cariño en experiencias muy reales para mí.
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Ayer salí a correr, de nuevo antes de las 5 AM, sin esperar lo que pasaría. Como ya es regular, corro la primera parte de mi rutina escuchando un podcast, ya sea Joyce Meyer o The Boundless Show (el ministerio de jóvenes adultos de Enfoque a la Familia); ayer escogí el episodio semanal de este último.
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Resultó ser el programa número 100, y estaban celebrando con llamadas de escuchas. Cada uno contaba la bendición que ha sido Boundless, y como llegó hasta el show. En unos segundos, me puse a pensar en cómo había yo sabido de este, hasta llegar al punto de estar escuchando el podcast, en ese mismo instante, en esa misma calle, a esa hora.
  • Mi amigo B me reenvió un correo desde ese ministerio, al cual está suscrito, pensando que yo podía utilizarlo. Entonces empecé a consultar sus artículos.
  • Mi amigo A me regaló un iPod en mi cumpleaños (gracias brother, empoderaste mi vida con ese acto, sé que no es así nada más regalar un iPod).
  • Después supe que Boundless tenía un podcast (no sabía yo lo que era), y me suscribí. Empezó a descargarse un episodio semanal en mi iPod.
Desde entonces tuve acceso a todos sus recursos, desde formación de sexualidad, consejos en un noviazgo, finanzas, mecánica, paternidad, humor, cultura popular... de tal manera que han suplido un enorme faltante que el abuso en casa me había robado. Boundless me ha hecho disfrutar ser joven y soltero.
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En un momento, todo se hizo claro. Fue un segundo en el que todo se detuvo para mí, y en ese segundo, 'escuché' (o entendí, o vi, o sentí todo de un golpe), lo que Dios quería decirme, en una voz no audible, pero comprensible en mi interior:
  • No hay coincidencias hijo, ni hay límites para lo lejos que puedo llegar para amarte y alcanzarte.
  • Cuando crearon en Apple la tecnología del iPod, yo estaba pensando en ti.
  • Cuando contrataron a estas personas para trabajar en estas transmisiones, estaba pensando en ti. Sabía que te haría falta formación y reparación.
  • Cuando ellos se despiertan por la mañana, en Colorado, yo los animo para que lo hagan por ti. Los temas también son escogidos pensando en ti.
  • Te regalaron un iPod porque yo sabía que lo ibas a necesitar.
  • No tienes idea, no tienes idea de lo lejos he llegado en estos años, para amarte y formarte.
Las experiencias emocionales, esas epifanías privadas, no me suceden en largos períodos de tiempo. En ese mismo segundo, tuve que procesar las frases anteriores, más las imágenes que añadían muchos otros eventos en los que Su amor de papá se ha manifestado, y mis propias luchas mentales para rechazar esta idea:
"¿Steve Jobs hizo pensó en esto como parte de tu amor por mí?"
Pero finalmente me venció Su amor de papá, y pude entender que no tiene nada de malo sentirme el centro de su afecto, algo que antes no había experimentado. Yo soy su hijo, el que él más quiere, y nada más me importa.
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Esta revelación me hizo llorar en ese segundo. Como iba corriendo por una zona peligrosa y aún no había amanecido, no pude detenerme a llorar, pues era algo fuerte, incontrolable, a la manera de un niño pequeño, y no podía ver bien. Así que lloré perseguido e inundado por su amor paternal unos dos kilómetros (jeje, ahora estoy pensando en lo que la gente con la que me encontré habrá pensado de la escena). Cuando me pude tranquilizar, solo quedó una sensación tranquila y desconocida de que a partir de ese momento, mi vida no iba a ser la misma, y que vería todo, mi pasado, mi presente y mi futuro, como hijo suyo, su niño pequeño.

Ok, reconozco que no soy el adulto que pensabas que era.

Fui entonces a la casa de mi compañero de responsabilidad. Aunque no pudimos desayunar, tenía que buscar el momento antes de que terminara el año para comentarle lo que pensaba.
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Pude explicarle que no era completamente genuino. Primero, porque ahora soy muy niño, y con él no me permito serlo; Dios me ha guiado en estos últimos meses como un Padre, para vivir la infancia que me faltaba, y necesito compartirlo con alguien. Y con cada confesión mía, pude descubrir como a aquel lo he limitado de ser genuino también.
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Hablamos de como la forma en la que me gustan las mujeres ahora es tan infantil, tan de colegio, y como me gustaría no pretender ser el gran donjuan, sino contar con otro amigo para contarle estos enamoramientos de uno o dos días.
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Él me dijo que ha estado a la defensiva conmigo desde cierta vez en la que yo hice un enorme berrinche por una broma sexual que hizo, y que desde entonces se abstiene de comentar muchas bromas conmigo. Pew. Yo mismo sigo haciendo chistes sexuales (¿a poco no siguen ocurriéndosele a uno buenas bromas, sin patanadas, solo porque uno sigue siendo hombre?).
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Incluso reflexiono que en este año 2009 me limité mucho de reírme a carcajadas solo por guardar el aspecto profesional y adulto. ¿Por qué seguirme comportando así, si Dios me ha llamado a ser su niño? Así que prometí ser yo mismo, el que hace chistes y no se limita pra reírse.
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Comentamos también como estoy aprendiendo a hacer amigos, como niño, y como espero contar con él para eso. Él me explicaba que para él ha sido una barrera ser genuino conmigo también, porque en su interior sigue siendo niño, del tipo que entiende que los amigos son para siempre, que nunca van a irse del salón de clases. Yo por el contrario, necesito aprender eso, pues a veces condiciono la amistad a las circunstancias o a los incidentes que suceden entre mis amigos y yo.
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Pude confesarle también que muchas veces quiero expresar mis emociones, y comentar con alguien, "¿sabés? hoy me siento amado", o "estoy contento por ser parte de tu vida, gracias por eso", pero yo mismo me digo que esos comentarios son tan homosexuales, y me juzgo por ello, pensando que por ende, los demás me van a tratar igual. Y para mí es tan necesario, pues son emociones tan escasamente vividas antes, que debo hacer un alto y hacerlas notar.
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Pero mi compañero de responsabilidad está tan seguro de su identidad, y me aseguró que jamás ha sentido incomodidad con expresarme su afecto, y que por el contrario, no ha podido acercarse conmigo con muestras de afecto físico, pues probablemente yo expreso con mi lenguaje corporal, bastante lejanía. Y más aún, si en algún momento notara cierto cambio en la forma en la que me relaciono con él, pues me lo diría; estoy seguro de eso.
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Tenía que contarle que no todos mis pensamientos son coherentes, y que así como con otros de nuestros amigos hago bromas sexuales, o digo cosas muy tontas, o chistes que no son graciosos, necesito también hacerlo con él para ser quien soy en todo lugar. Hay veces en las que me da vergüenza solo contarle que me gustan los juguetes de Ironman, o que pienso comprarme carritos, o que bajé nuevas canciones para mi iPod y que se las quiero mostrar, o que aprendí un juego nuevo con mis compañeros del ministerio infantil. En vez de eso, siempre analizo lo que voy a decir y trato de lucir como un consejero profesional.
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Después de esta confesión, sé que este amigo tiene la autoridad y confianza de interrumpirme la próxima vez que esté actuando con una máscara, y de ayudarme a examinar por qué lo estoy haciendo.
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Por supuesto, tomamos tiempo también para hablar de las cosas que él debe mejorar en su vida y en su carácter, y en nuestra relación de entrega de cuentas, cosas que son necesarias para su crecimiento, y en las que yo he avanzado y puedo apoyarle -independientes de lo que escribo en esta entrada -pero esas cosas no las comentaremos acá.
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Wow, tanto que aprender, y tanto que me he perdido. Pero siento que el próximo año va a ser genial para que yo pueda ser más genuino aún, y que esta conversación ha sido un parteaguas en la forma en la que me siento niño, hijo de mi Padre.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Mi primer fuego de campamento


La semana pasada estuve de campamento, y aunque ya son varios años en los que he regresado al mismo lugar, admito que no sabía encender una fogata. Es decir, un fuego eficiente, que ardiera rápido y durara varias horas.
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En el momento en el que me tocó prender un fuego (para 30 niños y sus consejeros), me sentí inapropiado. Es una de esas carencias que uno siente que lo hacen menos hombre que los demás hombres, que es una habilidad muy masculina que uno no aprendió por estar aprendiendo otras habilidades más competitivas pero más... ambiguas, ejem... y también uno sabe que fue algo que otros papás les enseñaron a sus hijos.
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Pero justo antes de exponerme al fracaso con la leña frente a tanta gente, apareció detrás de mí el director del campamento. Como es usual, con su estilo algo áspero y paternal, me dijo "A ver, te voy a dar una lección acerca de encender una fogata".
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Procedió a derribar el intento de apilar leña que yo había hecho en la chimenea, y me mostró como usar un cuchillo para hacer astillas, como hacer una base y por donde entra la fuerza de succión en una hoguera. El fuego encendió en pocos minutos, durante los cuales primero yo estaba furioso por tener que soportar a alguien que evidenciara mi carencia... pero poco a poco muy agradecido por los hombres que están en mi vida y que me enseñan destrezas como si fuera su hijo. Total, este hombre no tenía que haber intervenido si no hubiese querido, y me hubiera dejado esta ausencia, no solo en ese momento, sino para siempre.
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Dos días después fue mi turno para encender la fogata principal, la de consagración y despedida. Ehm, honestamente me lucí con mi recién adquirida destreza (como si hubiera encendido fuegos antes de aprender a hablar), con algunos amigos presentes. Entre aquellos que ya sabían hacerlo, vi la mirada de sentido de pertenencia y aprobación entre hombres, que rara vez se expresa verbalmente. Fue uno de esos momentos de nueva adolescencia que se atesoran con agradecimiento.

jueves, 30 de abril de 2009

Ulises 31

El artículo de Waller R. Newell, The Crisis of Manliness, me ha recordado mi infancia en varias formas, incluyendo las caricaturas que veía. Honestamente, creo que hubo varios de estos programas que apelaban más a una criana de niña que de niño -ya lo comenté en el post anterior, que en casa no había supervisión al respecto.
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Pero hay una caricatura rescatable en mi crianza y que aún está grabada en mi cabeza: Ulises 31. El programa narra las aventuras de Ulises y su hijo Telémaco, basada en la Odisea, escrita por el poeta griego Homero, pero ambientada en el siglo 31 (¡genial caricatura! tenía que levantarme a las 4:30 AM para verla).



Walter R. Newell nos recuerda que Telémaco, hijo del gran héroe de guerra, Odiseo (Ulises), se embarca en un viaje para encontrar a su padre perdido y por ende salvar a su madre de los nobles opresivos que desean que ella de a su esposo por muerto y que se case con uno de ellos.
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Mientras Telémaco busca a su padre en una aventura paralela a la propia búsqueda de Odiseo de un camino de regreso a casa con la esposa y el hijo que no ve hace tanto tiempo, Telémaco es educado a través de las aventuras de su padre y deja de ser un niño para convertirse en hombre, guiado por la sabia diosa Atenea, quien también es la mejor amiga de su padre entre los dioses del Olimpio. La búsqueda de Telémaco de su padre perdido, guiado por la diosa, en efecto le provee con la crianza que Odiseo no pudo darle, aunque aún es su inspiración desde lejos, pues el niño aprende durante sus viajes acerca de las experiencias de su padre y quiere probarse a sí mismo como el hijo valioso de un héroe.
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Muchos de nosotros somos como Telémaco, alguna vez niños en un hogar destrozado, forzados en una edad demasiado joven a ser protectores de nuestra madre en contra de hombres opresivos; niños que deben criarse a sí mismos con la esperanza de dar la talla de un padre ausente que se sentiría orgulloso si pudiera vernos.
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Pero lo que más recuerdo de la caricatura de las 4:30 AM, no era la triste historia, sino que encontrar a Ulises, y luego encontrar el camino de regreso a casa, era para Telémaco una aventura genial, que siempre habría amigos oportunos en los ambientes mas difíciles, y que todos los peligros valían la pena para estar cada vez más cerca del hogar. :)

domingo, 2 de noviembre de 2008

En la Cornisa - Pablo Olivares


Hace unos meses vi en la iglesia este vídeo, y la semana pasada lo vi publicado en el blog de Sakis.

Hay muchos conceptos que se reflejan acá, se parece mucho al trailer de mi vida. Cuando lo vi la primera vez no estaba emocionalmente listo para las imágenes... sin embargo para mí siempre Dios ha sido el Dios de las Segundas Oportunidades.

Hubo alguna vez en la que pensé que reparar esos flashbacks nunca sería posible. Sin embargo, Dios se ha mostrado fiel como un Padre para mí, ha puesto en mi camino a hombres que han transmitido a mi vida la paternidad ausente, y me ha dejado apoyarme en su brazo fuerte para dejar un día a la vez las experiencias difíciles que tuve que pasar mientras crecía.

sábado, 19 de julio de 2008

Bar Mitzvah

El fin de semana del 4 a 6 de julio de este año asistí a un retiro y viví una experiencia que estuve esperando por varios años: una ceremonia de inducción o pasaje hacia la edad adulta. Durante bastante tiempo estuve viviendo en una estado de negación, algo como una infancia prolongada para evitar cumplir conmigo mismo y con Dios.
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Aún cuando tenía cierto temor frente a exta experiencia desconocida, sabía que sería espontáneo, cuando Dios lo dispusiera.
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Así, cuando no lo esperaba, el día 5 (sábado), justo cuando sentía la mayor necesidad de escuchar palabras de afirmación y validación de mi hombría y preguntaba a Dios si tenía lo que era necesario para mi nueva vida, un hombre mayor al que aprecio muchísimo me tomó por los hombros y en medio de la oración y ministración grupal, me pidió perdón en nombre de mi papá biológico (ya fallecido hace varios años), y en palabras que no describo porque al menos por ahora son solo mías, me bendijo como hombre, liberó mi potencial como solo un padre lo puede hacer con la guianza del Espíritu Santo, y me dio la bienvenida en su familia como hijo.
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A partir de entonces mi sentido de pertenencia se ha ido solidificando, pierdo el temor a ser juzgado y cada día me he sentido más hijo, sabiendo que es una noción con respecto a mi padre celestial, pero también con respecto a las experiencias de restauración que Dios me ofrece ahora en hombres que están dispuestos a proveer la validación que hizo falta en mi propio padre.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Quiero parecerme a tí

Vengo contigo, pensando como no te he visto como Padre en los últimos años. He aprendido a orar con culpa, por coacción, con fingida devoción a veces, esperando que la oración acabe rápido para seguir lo que estaba haciendo, pero siempre, siempre suena extraño para mí la frase “ver a Dios como tu Padre”.

Sé que sabes que estoy aprendiendo a hablar contigo como papá. Me voy a acostumbrar a usar la palabra poco a poco, así que no notes si me equivoco en el trato, ¿sí? Sé que hay muchas cosas que pedir pero quiero concentrarme en entender como eres papá para mí.

Quiero parecerme a ti, quiero encontrar ese parecido que guardamos papá e hijo. Quiero ver con tus ojos, con misericordia y justicia a los que están necesitados; me gusta pensar que tengo tus manos, que sé actuar, alimentar, trabajar y ser útil con ellas, y que puedo lograr grandes cosas. Quiero tener tu carácter también, y que eso sea evidente para los que me ven, de tal manera que noten como nos parecemos; quiero ser compasivo y fuerte, tranquilo y alegre, contento, creativo y emprendedor.

Quiero regresar aquí cuando estoy cansado, y no lamentarme o llorar buscando tu favor, pues sé que ya lo tengo de antemano. Me das tu atención completa, llenas los vacíos cuando vengo por acá. Sabes que esta semana encontré que estabas allí conmigo, y hubo varias ocasiones en las que me sentí muy hijo, y otras en las que necesitaba con desesperación sentirlo. Pero en todas estuviste tú. Gracias por eso.

Bien, me voy a acostumbrar a esto. Me quiero retirar de este momento (que estuvo increíble) con la convicción callada que vamos a seguir viéndonos en el día.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Ahora me asombro de ver el trabajo de mi Padre

Durante esta semana aprendo una lección valiosa. Encontré una entrada en un blog acerca de la identidad que como hombre tengo con respecto a la obra de Cristo. Quienes me conocen saben que tuve que resignarme a no participar en un evento que esperé un año entero (y en el que ayudé con todas mis fuerzas a planificar), pues no me dieron permiso en el trabajo.
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En medio de mis intentos por deprimirme y culpar a alguien, el recuerdo que escribe este hombre de ver a su padre trabajar, y sólo asombrarse y sentirse útil por tener el privilegio de verlo usar sus herramientas y evantualmente tomar parte en la acción me hace sentirme hombre, hijo y valorado en su obra.
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Si durante esta semana sólo seré una visita y no un ejecutor de su obra, estaré admirando su obra y su plan desenvolverse frente a mí, contento (en verdad contento) porque durante el resto del año usé las herramientas de mi padre, y ocasionalmente me dejó participar en un increíble trabajo.

Haber encontrado este blog es en verdad la sensación de haber encontrado un amigo en este cmaino de la búsqueda y restauración de un concepto sólido de hombría.

viernes, 13 de julio de 2007

Inicio de Curso: Setting the Captives Free

Hoy es el tercer día desde que inicié el estudio online de un curso en el ministerio Setting the Captives Free. Una amiga me lo recomendó, pues su esposo lo está siguiendo también.
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Sé que parte de mi restauración es la sanidad de mi sexualidad. Hoy mismo, en un tiempo de vocional, entendí del Señor que como su hijo pequeño, su niño, no debo cargar esa pesada necesidad de aprobación sexual como hombre. No necesito demostrar que soy sexualmente sano. Soy hijo de Dios ¡y él es mi aprobación! Estoy limpio, y hoy me siento con anhelo de seguir viendo que hará Dios para limpiar mi vida.

martes, 3 de julio de 2007

Estas verdades van ahora conmigo

¡Si hubiera forma de expresar online la ministración de Dios! ¡Si pudiera contar cuantas lágrimas han sanado las heridas recientemente, y cómo casi pierdo el aliento al sentir la voz de Dios mi padre, conmigo! ¡Si ustedes lectores, pudieran saber cómo mi corazón se ha llenado con las bendiciones que abajo describo!
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Este domingo compré el libro El Niño sin Nombre*, y lo leí en una sola tarde. Las verdades en el libro saltaron con fuerza, y pasé una tarde más llorando mientras sentía la paternidad del Señor. Desde el domingo, he puesto estas verdades como promesas en el álbum de bebé que estoy haciendo.
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No fue llanto desconsolado, sino limpieza... y una sensación firme de estar parado en una roca alta, muy alta, enmedio de este proceso. Ahora, Dios ha cambiado lo que siempre recibí de mi padre terrenal, por lo que mi Padre Celestial siempre quiso que creyera, así:
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Tienes mi permiso para servirte siempre de mis bendiciones, cuando y cuanto quieras... hasta saciarte.
  • Antes creía que no tenía derecho ni a la comida que había en mi casa, que no era mía, ni que tenía derecho a usar los servicios de la casa.
  • Ahora sé que él me escogió, para llenarme hasta saciarme, del bien de su casa... Sal. 65:4
  • Que hace mi copa rebosar, hasta que alcance para otros... Sal. 23:5
  • Que sus misericordias son nuevas cada mañana, y son todas para mí y sin límites... Lam. 3:23
Me agradas porque eres mi hijo, sin que tengas que esforzarte; sin trabajar para ganar mi afecto.
  • Antes trabajé duro para ganar el afecto de mi padre, y nunca lo obtuve. Desde entonces crecí con la mentira de que "el afecto se gana", y no conocí una vida sin trabajo. Desde niño, trabajo psicológico y emocional para ganar un salario emocional, y de adolescente trabajo real para ganar dinero.
  • Ahora sé que Dios me escogió para ser su hijo, en amor me predestinó para ser hijo suyo; por el puro afecto de su voluntad. Simplemente porque Él tenía ganas de que fuera su hijo... Ef. 1:4-5
  • Soy hijo suyo, hijo de sus promesas... Rom. 9:8
  • Soy su hijo amado, y como hermano de Cristo, ¡en mí también tiene complacencia!... 2P 1:17

En mi presencia siempre tienes un lugar; eres bienvenido y nunca te echaré fuera. Estarás seguro y cómodo siempre, pues voy contigo a todas partes.

  • Antes, temía la presencia de mi padre. Cuando no pude huir físicamente, huí en mi mente, desconectando mis pensamientos y mis sentimientos.
  • Ahora, sé que su presencia va conmigo, y en él está mi descanso... Ex. 33:14
  • En él encuentro plenitud de gozo, y delicias en su diestra siempre... Sal. 16:11
  • No hay un lugar donde no esté su presencia conmigo, no debo huir de él, porque Dios está a donde vaya... Sal. 139:7-12
  • Cuando voy a mi Padre ahora, él no me echa fuera... Jn. 6:37

Estoy siempre disponible para tí, acudo de inmediato cuando llames.

  • Antes, no tuve una conversación real con mi papá. Todo era doble sentido o simplemente me ignoraba.
  • Pero ahora sé que cuando pido algo a mi nuevo Padre, Él me responde, y fortalece con vigor mi alma de hombre... Sal. 138:3
  • Y que soy linaje bendito por su nombre Jehová, e incluso antes de que yo pida algo o acuda a Él, me responde... Is. 65:24

Mi amor por tí es tan grande, que es lo único que necesitas para sentir tu corazón lleno.

  • Antes, fui buscando amor en muchas personas sin encontrarlo, algo que sustituyera el amor de padre que no hubo.
  • Ahora sé que estoy arraigado y cimentado en ese amor de mi Padre, y que soy capaz de entender cuál es la anchura, la longitud y la altura de ese amor paternal y masculino, y que me siento pleno en Él... Ef.3:18,19
Ahora repito estas verdades, las leo en mi álbum y las memorizo. Es parte de lo que he aprendido en ministración (RTF Ministries), acerca de cambiar las mentiras del diablo por las verdades de mi Padre.
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* El Niño sin Nombre es parte de la trilogía escrita por David Pelzer, quien fue abusado en su infancia en una manera terrible, y cuenta cómo la sensación de que alguien cuidaba de él y le fortalecía siempre le acompañó.

jueves, 28 de junio de 2007

Empezando el trabajo en el álbum de bebé


Ayer completé al fin todos los materiales que necesitaba para empezar el álbum "it's a boy". En la búsqueda de tienda en tienda aprendí varias cosas que darán fruto después.

Hoy empecé a redactarlo, y aunque al principio me sentí incómodo escribiendome a mí mismo, conforme fui escribiendo las frases que sentí de Dios incluir, me dí cuenta de la sensación cálida de su amor alrededor mío.

El librito es de papel reciclado, en café y celeste, e incluye tantas promesas que Dios me ha dado como papá, su lenguaje tierno para un bebé, todo proveniente de sus escrituras y de lo que ha puesto en mi corazón.

Con seguridad empiezo a ver como la restauración de una vida también incluye actos proféticos, acciones que hay que llevar a cabo.

martes, 26 de junio de 2007

Los primeros materiales del álbum

Empecé ya mi proyecto. Me la pasé muy bien comprando materiales. He decidido hacer un scrapbook, no un álbum de fotos, porque ese ya tengo uno. Este es un proyecto nuevo.
Tengo stickers, papel con motivos, unos lapiceros azul y negro. No he encontrado el libro que necesito, pero sigue siendo emocionante. Las tarjetas de participación de nacimiento son pocas, sólo para quienes han vivido conmigo durante los últimos 3 años este proceso, desde que Dios me llamó para sí, y me enseñó qué significa la restauración. A algunos les daré una breve explicación, pero sé que todos compartirán mi gozo y entenderán mi idea. El Espíritu Santo da testimonio en sus corazones de que esta idea es de Dios, y algunos me han expresado ya su apoyo.

Aún no tengo mi arreglo de globos, va a ser algo pequeño, pues no quiero que estorbe ni tener que dar muchas explicaciones a quienes lo vean. Desde hace muchos años me atraían los arreglos “It’s a Boy” en las tiendas de globos, sin saber por qué. Ahora sé que era el llamado de mí mismo para celebrarme, y el propósito de Dios de hacerme un hombre completo a su imagen y semejanza.